Los BMW Motorrad Days, la concentración anual alpina de BMW, ha cumplido su décimo aniversario. Portalmotos estuvo allí. Teniendo como escenario el valle donde se celebran los saltos de esquí de Año Nuevo, Garmisch Pantenkirchen, BMW ha convocado su anual concentración, la décima edición de los BMW Motorrad Days.
10 th BMW MOTORRAD DAYS
El inimitable rumor del bóxer –no podía o no debía ser otro- llega de fondo a mis oídos para acompañarme al ritmo estratosférico con el que cruzo sobre la autobank los prados de Baviera. 220, 220 y aún 220, aguanto a esa privilegiada velocidad en la que la moda naked se muestra absurda cobrando una gravosa tasa sobre el cuello y los hombros.
El relieve crece poco a poco a ambos lados de la ruta estrechando el paisaje y mostrando un verde de cuento a la sombra de sus laderas. Muy poco más adelante la montaña se evidencia encrespando el terreno hasta levantar enfrente una pared inexpugnable, y un túnel se abre en su subsuelo como única vía para continuar. Dos mil cuatrocientos metros de nocturna travesía y al volver a la luz natural, se abre finalmente ante mí el valle de Garmisch Partenkirchen.
El valle del Año Nuevo.
El termómetro roza los treinta, por lo que parece irreal hallarme en el escenario con el que casi obligadamente amanece media humanidad en el primer día del año admirando el vuelo de los esquiadores.
A medida que me he ido acercando el goteo irregular y salteado que iba encontrando a mi paso se ha ido intensificando hasta convertirse en el torrente que ahora me acompaña serpenteando entre las montañas. Motos y motos de diferentes colores, distintos sonidos y con las más diversas matrículas pero con un denominador común: El escudo de las aspas azules.
Efectivamente, miles y miles de motos entre las que resultaba complicado encontrar una que no fuera BMW, aun buscando afanosamente. Cuatro cilindros, dos en paralelo, motores de mediados del otro siglo y el inevitable bóxer.
Después de haber atravesado la coqueta población enmarcada en un cuadro tirolés, encaro la montaña y, tras cruzar las estrechas vías de un tren antiguo y de marcha placentera, a través de cuyas ventanillas podría aparecer el rostro de Alain Delon o el de Romy Schneider, me encontré dentro del recinto que acotaba la mayor concentración de BMWs del mundo.
Los Décimos BMW Motorrad Days.
Un inmenso aparcamiento sólo para motos repartido a ambos lados de la entrada me da la bienvenida y me prepara para contemplar un montaje alpino único en su género. A mi derecha una pista de enduro, montada con troncos y grava al más puro estilo índor, para que los futuros y posibles clientes probaran a fondo durantes unos minutos, los que les permitiera el inmenso calor, los modelos Husqvarna hermanados ahora con los grandes bóxer. A la izquierda y a continuación se despliega un mundo de carpas de riguroso blanco uniforme y distribuidas en formación castrense sobre el terreno llano disponible.
R-24, R-25 y R-27, las primitivas monocilíndricas, y R-65, R-67, las primeras bóxer; no faltaban los obligados modelos de guerra, ni las distintas versiones de sidecar, desde los legendarios con forma de puro hasta auténticos atalajes dignos del mismísimo Rolf Biland. Reliquias impecables y exotismos de fantasía, que dan personalidad propia a esta reunión, haciéndola única entre las convocadas por la marca alemana.
Más arriba del límite que marcan las carpas alineadas, allí donde el terreno se encrespa para formar una verdadera ladera de montaña, se extiende otra pista; ésta algo más suave y natural, sobre la que evolucionan distintas versiones de la homenajeada ge ese por su treinta aniversario, pilotadas por posibles futuros propietarios. Presidiendo ese recorrido y de alguna forma, desde ese punto elevado, toda la concentración encuentro una monumental representación plástica del logo de la marca con una iluminación propia e interior que toma mayor protagonismo, si cabe, durante la noche tirolesa.
Y cubriendo todo el lado este del recinto, excepto el aparcamiento, La Carpa, La Gran Carpa, la que podríamos llamar la Madre de todas las carpas. Un volumen de circo mundial envuelto con un ciclópeo palio blanco, en el que se respira un permanente ambiente de fiesta. Bancos corridos junto a mesas de merendero sobre las que se deslizan jarras de cerveza en su habitual medida alemana: De litro. Codillo, chucrut, goulahs y una llamativa alegría en el ambiente que explota con el crepúsculo en un júbilo nocturno, animado desde el escenario: Folklore tirolés danzando al son del látigo, la chirriante locuacidad de un speaker germano y el colofón a cargo de un conjunto camaleónico, como esos tributarios de múltiples grupos famosos que protagonizan tantas fiestas patronales, pero con una puesta en escena en la línea de un musical de Broadway. Con el arranque de las canciones populares, el aforo, literalmente, se arrancó también subiéndose a los bancos y a las mesas para bailar cadenciosamente, tarareando el cántico y haciendo chocar los grandes barros de cerveza sudados.
Con la imponente sobriedad germana, a veces un tanto rígida, si se contempla a través de un óptica latina, que ha caracterizado siempre a la marca de Baviera, ¿quién diría que ésta es una fiesta de BMW, nutrida al cien por cien por bemeuvistas?
Autor: Tomás Pérez
Director de la Escuela de Conducción.