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Thierry Sabine: hijo del desierto, padre del Dakar

Fede Asensio Fede Asensio

05/01/2017
Thierry Sabine: hijo del desierto, padre del Dakar
Thierry soñó con una nueva aventura y puso en marcha el Rally París-Dakar. 35 años después, la carrera sigue siendo el máximo exponente de la aventura y la competición.


Thierry Sabine: El hombre que puso en marcha el Rally París-Dakar


El desierto es la máxima expresión de la desolación, pero posee al mismo tiempo una belleza extraordinaria, y Thierry Sabine cayó preso de su poder fascinador que despertó en el un sentimiento obsesivo. Sabine era un entusiasta de las competiciones de motor, y competía indistintamente en coches y motos en las más variadas disciplinas, desde carreras de velocidad en circuito hasta las 24 Horas de Le Mans. Atraído por las epopeyas de los grandes exploradores franceses que en el inicio del siglo XX emprendieron la exploración del desierto, Sabine quiso dar rienda suelta al explorador que llevaba dentro, y decidió embarcarse en el Cote-Cote, el Rally Abidjan-Niza, una aventura creada por Jean-Claude Bertran: dos semanas de aventura y más de 7.000 kilómetros de recorrido, de la costa atlántica a la costa mediterránea, atravesando el desierto de Níger y Mali.





Perdido en el Tènèrè

Las crónicas de aquella primera edición despertaron su interés, y Sabine decidió tomar parte en la segunda, que a diferencia del primer Cote-Cote, tenía que atravesar el desierto del Tènèrè e ir rumbo a Libia, de ahí a Túnez, y luego cruzar el Mediterráneo hasta Italia para alcanzar Niza. Sabine disfrutó con cada jornada de travesía, con cada kilómetro realizado, pero en la etapa Dirku-Madama, al atravesar el Tènèrè, equivocó la ruta y se perdió. En su desesperación por encontrar el rumbo correcto sufrió una caída y sus precarios instrumentos de navegación, una brújula y un reloj, se rompieron en el accidente.


Pasó dos días y dos noches solo y perdido en el desierto. Decidió abandonar su moto y buscar ayuda. Él mismo lo relató años después en su libro París-Argel-Dakar: "Son ya dos días y dos noches perdido en el desierto (…). Entonces decido alejarme de mi moto. En calcetines y succionando las piedras para provocarme saliva, comprendo que mi vida vale cada vez menos. Y es entonces cuando prometo que si salgo con vida de esta experiencia barreré cuanto de superficial contenga mi existencia”.





Sabine hizo una gran cruz con piedras en el suelo para llamar la atención a los equipos aéreos de rescate, y así fue como un avión consiguió divisarlo y lo rescató. Aquel día de su rescate, aquella mañana de enero de 1977, fue la nueva fecha de nacimiento de Sabine, un alumbramiento producido en pleno desierto, que fue gentil y le perdonó la vida, regalándole nueve años más de existencia, porque, desgraciadamente, no lejos de aquel lugar donde comenzó su leyenda, Sabine encontraría la muerte el 14 de enero de 1986.





Sabine crea el Rally Dakar

Sabine decidió volver al desierto y ofrecer a quien quisiera seguirle la oportunidad de descubrir lo que él conoció y experimentó. Durante casi dos años madura la idea de organizar una carrera a través del desierto, atravesando territorios impenetrables como el Tènèrè o el Sahara. Y esa idea cobra forma el 26 de diciembre de 1978, cuando 87 motos y 89 coches se dan cita en la Plaza del Trocadero de París, al borde del Sena y frente a la Torre Eiffel, para emprender el primer Rally París-Argel-Dakar.


Sabine, con un impecable uniforme blanco, de pies a cabeza, los despide uno a uno. En esa primera edición, 74 vehículos llegan a Dakar. Cyril Neveu, con una Yamaha XT500, logró la victoria "scratch", imponiéndose a los coches. De hecho, los tres primeros clasificados fueron motoristas: Neveu, Comte y Vassard. La carrera todavía está lejos de alcanzar la magnitud que ahora tiene, pero resultó un éxito, aumentando la inscripción de cara a la siguiente edición, que incrementó su recorrido y las jornadas de competición. El éxito de la carrera se confirma edición tras edición.


El Dakar logra unir bajo el mismo espíritu de competición a corredores profesionales con los pilotos "amateur" que se inspiran en el evocador mito de Sabine. No había clase ni condición; el desierto se encargaba de igualar a todos. Ése era el espíritu de la competición, la esencia del mensaje que Sabine quería transmitir.





Un trágico final: el hombre se convierte en mito


Las ideas de Sabine impregnan la carrera y a los que compite en ella. Visto en la distancia y conociendo cómo es ahora la carrera, con todas sus medidas de seguridad, podemos decir sin exagerar que aquello era cosa de locos seguir a aquel hombre de blanco. La caravana de Dakar hizo de Sabine su mesías, y creía su palabra. Y si Sabine decía que se podía hacer, aquello se hacía.


Sabine era capaz de sacarles de quicio, pero también sabían que él sería capaz de darlo todo por ellos, hasta la vida. El 14 de enero de 1986 una tormenta de arena sacude a la caravana en pleno Tènèrè, en la etapa Niamey-Gouma-Rharous, que estaba dividida en dos especiales. La tormenta arreció por la tarde y Sabine volaba en su helicóptero en busca de pilotos perdidos, intentando reagruparlos y orientarlos. La visibilidad era escasa, y el aparato chocó contra una duna, la única duna en 150 kilómetros a la redonda, estrellándose violentamente. Sus cinco ocupantes fallecieron: Sabine, el piloto François-Xavier Bagnoud, el cantante Daniel Balavoine, la periodista Nathaly Odent, y el técnico de RTL Jean-Paul Le Fur.





Esa jornada se neutralizó la carrera hasta Bamako, una decisión tomada de antemano debido a la delicada situación en la frontera de Mali con Bourkina-Fasso, que estaba en guerra. Y fue allí en Bamako donde Patrick Verdoy toma las riendas de la carrera y decide llevarla adelante, como así había decidido Sabine que se hiciera, si él desaparecía. Y es así como el Dakar siguió su paso, primero de la mano de Verdoy y de Gilbert Sabine, el padre de Thierry, antes de que la TSO (Thierry Sabine Organisation) terminara entregando la carrera a ASO (Amaury Sport Organisation), sus actuales organizadores. Aunque las cosas han cambiado mucho desde su muerte, el espíritu de Sabine sigue impregnando la carrera, todavía ahora, en América.





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