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MotoGP sigue sin tener pilotos yanquis

JPdelaTorre JPdelaTorre

15/02/2017
MotoGP sigue sin tener pilotos yanquis
La salida de Nicky Hayden del Mundial de MotoGP el año pasado ha dejado el campeonato sin norteamericanos, algo que no sucedía desde 1976. ¿A qué se debe?

Nicky Hayden ha sido el último norteamericano de la categoría


La última temporada de Nicky Hayden en el Mundial de MotoGP fue 2015. Después, el piloto de Kentucky puso rumbo al Campeonato del Mundo de SBK, aunque regresó el año pasado a MotoGP en dos carreras: Aragón, como sustituto del lesionado Jack Miller, y Australia, haciendo lo propio con Dani Pedrosa, lo que suponía su regreso al equipo oficial de Honda, con el que diez años antes había sido campeón.


Nicky Hayden fue el último campeón norteamericano de MotoGP, hace ya once años.


Hayden fue el último campeón norteamericano, el último de una larga estirpe que durante casi dos décadas dominó el Campeonato del Mundo. Sin embargo, el motociclismo norteamericano ha desaparecido de la primera escena mundial. Cuarenta años atrás los yanquis irrumpieron en el campeonato de la mano de Pat Hennen, que a lomos de una Suzuki privada llegó al campeonato en 1976. Los motores de “dos tiempos” empezaron a imponerse en la categoría una par de años antes, con la nueva y explosiva Suzuki RG que en 1974 ya daba 105 CV de potencia.


Esos motores cada vez fueron más y más potentes, más difíciles de pilotar


El dominio yanqui lo inició Kenny Roberts en 1978.


La creciente potencia de las 500 forzó un cambio en el estilo de conducción, que dejó atrás el ortodoxo de pilotaje europeo, con todas las masas centradas en un mismo eje y las dos ruedas alineadas en todo momento. Kenny Roberts, que desembarcó en Europa en 1978 después de haberlo ganado todo en el campeonato norteamericano, fue el hombre que cambio la forma de pilotar. Roberts conducía con la rueda trasera, un pilotaje heredado del “dirt track”, e impuso la técnica del derrapaje para poder controlar las bestias salvajes en que se habían convertido las motos de 500.


El dominio yanqui


Los pilotos norteamericanos y australianos, acostumbrados a las carreras de “dirt track” con motos muy potentes, enseguida se convirtieron en los más hábiles a la hora de domar a las difíciles motos de 500 y su desmesurada potencia. Con la salvedad de los títulos conseguidos por Marco Lucchinelli (1981) y Franco Uncini (1982), norteamericanos y australianos, verdaderos reyes del derrapaje, dominaron el Mundial entre 1978 y 1998. Las victorias europeas fueron cada vez menores, y llegó un momento en que parecía que para ganar en 500 había que tener pasaporte norteamericano o australiano.


A los pilotos europeos les quedaban pocas opciones: alguna victoria aprovechando un día de lluvia –durante mucho tiempo, en Estados Unidos no se corría en mojado- u otra circunstancia, como un boicot (Spa 1979, Nogaro 1982, Misano 1989).


Pero la situación empezó a cambiar en 1992 con la llegada del motor “big bang”. Este propulsor desarrollado por Honda que ese mismo año copiaron y adoptaron el resto de los fabricantes, transformó la categoría al convertir las 500 en motos accesibles. Por aquel entonces la potencia de las motos estaba en torno a los 165-170 CV, y su respuesta era demoledora. Los pilotos que llegaban de las categorías inferiores lograban destacar a duras penas. Pero con el “big bang” la situación cambió.


Alex Crivillé (4) se convirtió en el gran rival de Doohan, y abanderó una nueva generación de pilotos europeos.

Esa transformación se personalizó en Alex Crivillé, que en el año de su debut hizo podio en su tercera carrera, y ganó en la octava. Los pilotos procedentes de 125 y 250 se abrieron paso con menos dificultades, y al mismo tiempo, norteamericanos y australianos perdieron presencia en la categoría porque ya no marcaban la diferencia con su técnica, ya que muchos europeos también empezaron a entrenar con ese sistema, pero sobre todo, ya no tenían que hacer frente a motos brutales.


El ocaso yanqui


Kevin Schwantz fue el último de su estirpe en ser campeón, en 1993. Después siguieron cinco años de implacable dominio de Mick Doohan, rendido por una lesión cuando intentaba mantener la hegemonía en la categoría frente a Crivillé. Por entonces, Doohan había regresado en 1997 al motor salvaje del pasado, sin “big bang”, para marcar la diferencia, pero había servido de poco. En 1998 se empezó a utilizar gasolina sin plomo y las 500 perdieron un 15 por ciento de potencia, así que ya no asustaban a nadie. “Eran tan aburridas como un beso de tu hermana”, dijo Doohan de aquello…


Mick Doohan marcó una nueva era en 1992, y aguantó el empuje de los mejores pilotos europeos.


El planteamiento del campeonato cambió. Cualquier piloto aspiraba a terminar corriendo algún día en 500, y así sigue siendo hoy en MotoGP, donde tarde o temprano, con títulos en las categorías inferiores o sin ellos, muchos pilotos acaban en MotoGP.


Alex Crivillé puso fin al reinado norteamericano y australiano en 500 en 1999, aunque Kenny Roberts Jr. ganó la corona al año siguiente. Fue un regreso fugaz. Después llegó Valentino Rossi e inició su reinado. Curiosamente, el primero que batió a Valentino fue Nicky Hayden, un norteamericano, el último campeón yanqui del Mundial. Aquella victoria fue un guiño al pasado, un homenaje a la vieja estirpe norteamericana del “dirt track” porque Hayden se crió corriendo en este tipo de competiciones.


Mamola (3), Lawson (1) y Gardner (2): hubo un tiempo que había que ser norteamericano o australiano para ganar en 500.


Llegaron otros norteamericanos a MotoGP, Colin Edwards, John Hopkins, Ben Spies... Pero su tiempo había pasado. La velocidad norteamericana había perdido el lugar preeminente del pasado, e incluso su campeonato, el AMA, en otro tiempo prestigioso, se había convertido en un cementerio de elefantes, con escasa promoción de nuevos valores. Uno de los mitos del pasado, Wayne Rainey, se ha puesto al frente de una nueva iniciativa, MotoAmerica, un campeonato que busca recuperar la esencia del genuino motociclismo norteamericano para volver a ser una potencia en MotoGP. Tarda en aparecer esa figura que arrastre a una nueva generación, y mientras llega, MotoGP sigue sin pilotos yanquis.


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