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Yamaha T-Max 500 - Test Portalmotos

cosmonauta cosmonauta | Probador
Mecánico de profesión, continuo la tradición familiar de las dos ruedas. Prefiero escuchar a aportar mi experiencia, pero sobre todo, disfrutar en grupo de la moto.

08/07/2008
Yamaha T Max 500 - 2008/Yamaha T Max 500
El término de moto automática para esta moto se queda corto. Es automática en todos los sentidos, y es por lo que junto a la belleza de sus líneas, la he puesto el sobrenombre de LA MOTO DE IRON MAN
Antes de empezar, quería dejar claro que este reportaje no sólo va dirigido a los que cambian de moto dentro de la misma cilindrada o de cilindrada similar, si no también a los que dan un salto cuantitativo en la misma y a los neófitos en el impresionante y nunca comprendido mundo de las escúters.

Allá vamos.

Siempre que me llaman para recoger una moto para su posterior reportaje intento vaciarme de prejuicios y entrar en un estado letárgico mental para empaparme de todas las emociones y sensaciones que la moto pueda ofrecerme. Para ello, lo mejor es desplazarse en metro e ir escuchando música para que la mente se relaje y descanse.

Esta vez tenía que desplazarme hasta el barrio de Vallecas, al sureste de Madrid, por lo que tenía un buen trecho desde casa hasta la tienda, en la plaza Doctor Lozano.

La primera impresión de la tienda, Motos Cortés, es de un lugar bien segmentado, limpio, organizado y un trato agradable y personal. Si sigues adelante verás el taller, y da una impresión de taller alemán, con las herramientas bien organizadas, extrema pulcritud y organización en los puestos de trabajo. Me gustó, pero no dije nada.

Me presenté y tras un ya conocido “espere un momento y le traemos la moto”, vi aparecer aquella preciosidad.

Negra zahína, astifina, seria, larga...

Toda aquella meditación y sosiego metal se me fue al traste. Es una de esas motos que salen perjudicadas en cualquier foto, en ninguna se plasma su verdadera personalidad y ninguna plasma el atractivo del conjunto de sus líneas.

Pero eso no era lo peor. El desmorone definitivo de mi armonía espiritual se produjo en el preciso momento en el que tras introducir la llave en el contacto, la giré y pulsé el botón de marcha.

Siempre me gusta preguntarle algo al operario que me ha atendido y que me hace llegar la moto, pero en esta ocasión preferí callar ante la mocedad de éste, y sólo le pedí el libro de instrucciones el cual siempre trae alguna sorpresita y dice mucho de la marca a la hora de explayarse o no en los detalles, cuidados y mantenimiento de la moto. Sin embargo, tras consultarlo con su jefe, sólo conseguí una negativa por respuesta. Eso no decía nada a favor de quien haya sido el responsable de semejante descuido, pues estas líneas representan a multitud de posibles compradores que se dejarán aconsejar para la elección de su moto, y una moto de prensa debe ser la abanderada de la marca.

Yamaha T-Max 500 testEs difícil explicar que mis palabras no son la consecuencia de algún trato o pacto con la marca de los diapasones, sobre todo si las lee alguien que no haya visto este resultado de varios años de metamorfosis entre las distintas actualizaciones que ha sufrido la T-Max, esta consecución de miles de horas de proyecto en las oficinas de Iwata-shi, Shizuoka-ken, Japón.

Es de conocimiento general que los grandes holdings hacen avanzar sus actividades empresariales de forma independiente. Por poner un ejemplo, Mitsubishi fabrica desde aires acondicionados domésticos hasta cazas a reacción, y entre ellos nunca se han visto las caras y mucho menos se intercambian información.

Aquí, en la T-Max parece que se han reunido la división musical y la de motocicletas para transformar una deflagración dentro de un cilindro en una satisfacción para los oídos. Para quien quiera saberlo, la diferencia entre deflagración y explosión es la velocidad de los gases, la onda expansiva. Hasta la velocidad del sonido se denomina deflagración.

Como decía, aquello ya me derrumbó, y como consecuencia de mi plan de ir limpio de prejuicios, me fui a Vallecas sin los deberes hechos. No sabía absolutamente nada de esta moto. Esto produjo que al escuchar el motor dudara en el número de cilindros que componían al medio litro que se albergaba bajo los plásticos de esta escúter. Por el sonido parecía una bicilindrica, pero al ver a las revoluciones en el marcador, aquello ya me desubicó totalmente. Esos parámetros sólo podían pertenecer a una tetra.

El culpable de mi desacierto, nuevamente el silencioso.

Pues nada, manos a la obra. Torpemente me monté en la Yamaha, pasando la pierna por encima como si de una naked se tratara, apreté con fuerza las manetas y aceleré. El sonido de aquella pequeña bestia que esperaba ser espoleada para propulsar la moto hizo que se produjera en mí ese hormigueo en la entrepierna que todos sentimos cuando montamos en una moto por primera vez. Nadie me vio porque ya tenía el casco colocado, pero en mi cara se mostró una sonrisa de colegial cuando sale por la puerta de la escuela con un sobresaliente en la mano.

Con más miedo que respeto, emprendí la marcha y con ello la recolección de datos para este reportaje.
La moto
Es una moto pesada, 203 kilos sin mí encima y vacía de líquidos, larga, dos metros veinte, y no es estrecha, 775 milímetros.
La moto le pasa como a los caballos. Estos animales necesitan saber que alguien les está conduciendo, porque si no te tomarán el pelo y harán lo que les plazca. No es que yo tenga caballo, es lo que se oye por los bares.
Esta moto necesita a baja velocidad un cierto tino, necesita una constante atención sobre ella para que no se despiste y trace una trayectoria que no es la deseada. Entre coches, en esos momentos de atasco y que aprovecharemos nuestra ventaja por ir en moto, esta moto necesita un espacio majo, donde pueda circular casi en línea recta y no se le fuerce a culebrear. Es una moto ancha, y debemos recordar que detrás nuestra sigue siendo ancha para que a la hora de esquivar algún parachoques no rocemos con nuestra preciosa montura. Los puños coinciden en altura con los espejos de las latas, perdón, automóviles, y deberemos desistir si no vemos el asunto claro.
Esta moto, en esos momentos, anda un poco floja.
Pero es que esta moto es lo que es.
Esta moto está concebida desde sus comienzos allá por el 2000 (sí, los años van sin punto) como el nuevo concepto creado exclusivamente para ella y sus postrimeros congéneres como maxiescuter, una moto automática que es capaz del desplazamiento moderado por ambiente urbano a la vez que engullirse sin inmutarse la diagonal de la Península Ibérica.
El motor es un bicilíndrico de 499 cc con inyección, cuatro válvulas por cilindro y una relación de compresión de 11:1, el  chasis es de aluminio, se ha resituado la caja del filtro, acercándola al motor y aumentando así su eficacia. El escape también se ha rediseñado, pero conserva el estilo deportivo.
En la parte frontal se ha incluido dos guanteras, permite alojar desde carteras, cámaras de fotos e incluso los propios guantes como se ve en el vídeo..
 

Dentro de la ciudad, esperé a ver qué sucedía con el testigo de temperatura, situado a la izquierda del principal.

La aguja asciende lentamente hasta situarse a mitad justo de la regleta donde permanece inmóvil. Cuando el líquido adquiere una temperatura suficiente, hace saltar el electroventilador que hará su función sigilosamente y sin dar muestras de ello, pues la aguja no se ha inmutado de sitio. Es como un indicador de “estoy bien, no te preocupes”. Y lo que yo deseaba experimentar: NO TE ABRASA LOS TOBILLOS. De hecho, y como consecuencia de entregarla antes de tiempo debido a otros compromisos, me quedé sin averiguar por donde resopla esta moto.

Ya en carretera, esta moto se convierte. Es como el modo tierra y el modo vuelo de los aviones, el modo seco y el modo mojado de los Fórmula 1.

Esta moto se comporta de una manera exageradamente noble en carretera.

Hablando con el webmaster para darle mis impresiones de esta moto, le dije de forma escueta y concisa el adjetivo que califica a esta moto: ES UNA MADRE. Y a esto me refiero con lo que dije al comienzo de este reportaje, que iba dedicado a los neófitos y a los que ya han probado la carne dulce de las escúters. Cuando digo que es una madre, es con conocimiento de causa, con la experiencia de haber probado otras muchas motos y más en concreto, escúters.

Tiene una aceleración inicial engañosa, provocada por un variador programado para no desembuchar sus 48 caballos a golpe de acelerador a la primera de cambio. Ya con algo de velocidad e inercia en la máquina, el motopropulsor dice “aquí estoy” y acelera de forma más deportiva, con una aceleración media-alta.
 

Las manetas son de estilo deportivo, sin frenada combinada, pero que actúan sobre todo y como es lógico (excepto en la Kymco People que frena mejor de atrás) mejor en el disco delantero, con una generosa pinza de doble pistón y apariencia totalmente deportiva.

En algún lugar habrás leído que ésta es la deportiva de las escúters. Debo aclarar ya que tengo la ocasión para hacerlo, que no hay que confundir términos. Que esta moto sea la deportiva de las motos no quiere decir que tenga un comportamiento deportivo, aunque en momentos puntuales consigamos sensaciones parecidas. En resumidas cuentas y para los que aún crean que esta moto sí es deportiva: móntese uno en una moto discretamente deportiva como una Fazer, y hágalo usted después en una T-Max. ¿Me decía algo?

Pero sí, efectivamente, esta moto es capaz de ofrecernos multitud de sensaciones y hacernos disfrutar de lo lindo.

Más de uno de nosotros habrá visto alguna escúter tumbando mientras rodea una rotonda. Pues con esta moto es sumamente sencillo. Y la moto es noble, muy noble. Es más, la T-Max parece un tentetieso, esos muñecos rellenos de gomaespuma y con arena en su base para que el muñeco siempre volviera a la posición vertical sea cual fuese la fuerza que le hubiésemos imprimido antes. No tendremos que hacer nada para conseguirlo. El diámetro de las ruedas, 15 pulgadas, y que monte unos Bridgestone Hoop B03 y B02 hará que tumbemos sin ninguna desconfianza.

He entregado esta moto sin saber tampoco, por más vueltas que le dado buscándolo, donde tenía la T-Max la webcam y el micrófono. Porque esto no es normal. Sólo con una conducción teledirigida se puede hacer que esta moto sepa por donde tiene que ir y lo que tiene que hacer. Y no he sabido donde lo tiene, porque seguro que lo tiene.

La amortiguación es un tema muy peliagudo, una cuestión en la que hay que poner mucha atención porque por lo general ni se le da la importancia que tiene ni se atiende a ella cuando vamos rodando, y la verdad es que hay motos que o se pasan tres pueblos o le ponen un muelle y a eso le llaman amortiguación. Y no quiero dar nombres.

En un ambiente urbano se necesita una amortiguación blanda, donde hay muchas irregularidades en el terreno y como consecuencia a nuestra siempre baja velocidad, notaremos el más mínimo desnivel a no ser que nuestra amortiguación sea blanda.

Esta moto no la tiene así, no es blanda, pero tiene la capacidad de un recorrido largo para rendir con muy buenos resultados en carretera.

La posición es erguida completamente, con posición obligada, como si la moto te dijera cuando te sientas en ella “ven hijo, ven, y ponte cómodo” mientras te coge del brazo para que te acomodes. En el carenado delantero tenemos dos guanteras donde cabe una liebre cebada en cada una de ellas y que se tiene acceso a ellas con el manillar girado a tope porque no le molesta para su apertura, pero con el defecto de que no se te puede olvidar nada dentro cuando estacionas la T-Max en la calle, porque no tienen cierre de seguridad. Pero es atrás, el asiento del copiloto es ya un sofá-cama, el más cómodo de los dos, con unas asideras posteriores muy ergonómicas y de diseño realmente bello. Esta moto, en contra, tiene aquí uno de sus puntos a reforzar, pues el resto de los detalles de la moto están muy conseguidos mientras que los reposapies del acompañante es como si no se hubieran querido calentar mucho los sesos en conseguirlos. Recordemos que hay reposapies automáticos en motos de gama media-baja.
Yamaha T-Max 500 test

La pantalla es grande, y tiene la capacidad de absorción, hará el vacío y no notaremos los efectos del viento excepto por esos pequeños guantazos que nos da el régimen turbulento que la pantalla desprende.

Una vez en carretera, podemos poner los pies en los reposapies reforzados que tiene en una posición adelantada, pero no es recomendable tomar curvas pronunciadas con los pies en esa posición porque perdemos la referencia de estos.

Lo malo de esta y las demás escúters de cilindrada media-alta es que jamás, legalmente hablando, llegaremos al pico de la curva de potencia, no conseguiremos desarrollar todo el potencial del motor, pues a esas revoluciones rondaremos los 160-180 km/h, mientras que por el contrario, es el par lo que sí aprovecharemos al 100% al estar rodando en autopistas y autovías justo en el pico del par. También observaremos que el variador ronda siempre el par máximo durante las aceleraciones en cualquier entorno, ya sea urbano, interurbano, carreteras comarcales, salidas de curvas y rotondas, pendientes, etc.

Volviendo a lo de la webcam, hay otro momento en el que la única explicación es mediante su existencia. A 120 km/h, con viento cruzado y ráfagas, la moto ni se menea.

NO SE MENEA NI UN ÁPICE
Ni gota, ni gota, como decía el anuncio televisivo de los dodotis. Nosotros acusaremos con un pequeño vaivén la fuerza del viento lateral o el adelantamiento de un camión o autobús, pero la moto seguirá enflechada y en línea recta como un misil sin perder ni un solo grado su verticalidad.

El término de moto automática para esta moto se queda corto. Es automática en todos los sentidos, y es por lo que junto a la belleza de sus líneas, la he puesto el sobrenombre de

LA MOTO DE IRON MAN por aquello de aprovechar el filme homónimo.
Una moto noble, una moto que merece sus ocho mil y pico de euros que vale.
 
 


Vestuario de la prueba
Todas las pruebas se realizan con vestuario adecuado para el uso de la moto. Nuestros sponsors son empresas reconocidas y con productos de calidad.
  • Cascos: Lem - Cascos con una excepcional relación precio/calidad. Asequibles a todos los bolsillos.
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