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TRIUMPH – Gama Modern Classic 2014

Andrea Enzo Andrea Enzo | Director Editorial y Jefe de Pruebas
Andrea Enzo 'esconde' a Óscar González Soria, periodista de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Como dijo Julio Verne, 'si se puede soñar, se puede hacer'.

30/09/2013
Fotos-Video Presentacion Triumph/Gama Modern Classic 2014 Triumph
Bonneville, Bonneville T100, Scrambler, Thruxton… las clásicas de Triumph se ponen guapas y afrontan otra temporada a la vanguardia del diseño y el sabor retro en el mundo de la moto. Las Triumph clásicas se exhiben en esta exaltación de los Años 60.

Para entender el universo Triumph es necesario volver la vista atrás, ni más ni menos que 111 años. La primera moto Triumph salía de una fábrica de bicicletas en Coventry allá por 1902. Tenía 240 centímetros cúbicos y la friolera de 2,5 caballos de potencia. Desde ese momento Triumph ha pasado por momentos de gloria y momentos de penuria, por guerras, incendios, records de velocidad y un sinfín de momentos épicos, asociados siempre a emprendedores, aventureros y soñadores que creyeron en un ideal, siempre de la mano de Triumph.


En esa rica historia de la marca británica no faltan nombres y figuras como Steve McQueen, James Dean, Elvis Presley, Clint Eastwood, Richard Gere o Bob Dylan, por nombrar sólo a algunos de aquéllos que han dado una dimensión más rica e internacional a la mítica marca de motocicletas Triumph. Es una aberración resumir en dos párrafos 111 años de historia de un referente sobre las dos ruedas como es Triumph, pero ya tendremos tiempo en www.portalmotos.com de hablar largo y tendido de pasado, presente y futuro de la firma anglosajona.


Los tiempos cambian, para bien o para menos bien, y la gama clásica de Triumph sigue marcando el camino a muchos, con unas ventas que representan la cuarta parte del total de la marca en la actualidad para Triumph, que además de la familia Clásica tiene otras cinco más: Cruiser, Adventure, Touring, Roadster y Supersport.

Mientras esperamos con ansia las sorpresas que nos dejan entrever en el próximo Salón de la moto de Milán, comprobamos que el perfil del usuario de Triumph ha cambiado mucho también a lo largo del tiempo. Un 55% de los compradores de una moto Triumph aducen estilo e imagen de marca como razones principales, amén del diseño. La exclusividad y el carácter diferenciador de las motos Triumph son un activo intangible a día de hoy. La edad media del cliente ha bajado a 43 años en España -46 en el resto del mundo-. La Thruxton, incluso, baja la media a 36 años de media.


La moto preferida por todos, dentro de la gama Clásica, es la T100 de Bonneville, con sus inconfundibles llantas de radios. La Bonneville tradicional, Thruxton y la indomable Scrambler van a la zaga. La actualización de la gama 2014 se ha centrado en mejorar el sonido que emiten escapes y motor, se ha cuidado especialmente el apartado del color de cada una de ellas, así como el equipamiento.


Cada Triumph clásica es personal e intransferible, pero buscando alguna coordenada común, podemos resumir que todas montan motor bicilíndrico paralelo de 865 centímetros cúbicos, desarrollan potencias de entre 59 y 69 caballos, todas son limitables para ser disfrutadas con el carnet A2, y gozan de modernidades obligadas por normativa como la inyección electrónica multipunto, sin perder el aspecto tradicional que siempre las ha caracterizado.


CON LA GAMA CLÁSICA DE TRIUMPH POR MADRID Y ALREDEDORES


Triumph diseñó para la prensa especializada del motor una mañana intensa con todos los modelos integrantes de esta gama clásica que hace las delicias de los más auténticos moteros aquí y allá. No fueron más de 50 kilómetros en conjunto, pero sí los suficientes para saborear y paladear con detenimiento las singularidades de una y otra.


Partimos de Mood Madrid, un espacio idóneo para el objetivo marcado, sito en la calle Corredera Baja de San Pablo, y en el trayecto visitamos lugares emblemáticos de la Capital, como las curvas del Monte de El Pardo, o el mismísimo y remozado Mercado de San Miguel, al lado de la Plaza Mayor.


De primeras nos subimos a una Bonneville T100 en blanco y dorado. En la exposición nos gustaba mucho, mucho la all black, casi enteramente en negra, preciosa, sugerente, pero según pasan los kilómetros nos damos cuenta de que el color no es tan importante como la auténtica sensación de libertad que proporcionan estas motos.


Es interesante comprobar la posición de conducción, bastante relajada, gracias a un asiento más que cómodo y una situación del manillar y de los reposapiés ideal, sobre todo comparado con el resto de la gama. Notamos que es necesario soltar el embrague casi al 99% para que la moto empiece a avanzar, y es una sensación algo diferente. En el callejeo urbanita nos damos cuenta de dos cosas fundamentalmente: la primera es que los frenos tienen una mordida espectacular. La segunda: todos nos miran. Cinco Triumph con un aire más clásico que Mozart echando un pulso con Salieri no es algo que se vea todos los días, y son muchos los que sacan deprisa sus cámaras de fotos y, sobre todo, teléfonos móviles, para inmortalizar el desfile.

Las primeras curvas de la carretera de El Pardo nos dibujan una sonrisa en la cara. La T100 no se muestra nada caprichosa a pesar de llevar las llantas de radios: puedes trazar con toda la tranquilidad del mundo, dócil, fiable, potente. El sonido del motor es música de la buena, los mandos funcionan a la perfección, eso sí, no esperes más información en el cuadro de mandos que la hora, el odómetros y un par de ‘trips’. El bicilíndrico empuja con ganas desde muy abajo, tiene unos bajos que ya les gustaría a muchas rivales, y no te digo que te olvides de cambiar marchas, pero en ciudad no hace falta meter quinta, vale con ir en tercera, que estira hasta las 8.000 vueltas sin empezar a vibrar como si se fuera a acabar el mundo. Este tema está controladísimo y la conducción es más que placentera, aunque no podemos ocultar un pequeño hormigueo después de un rato.


Turno para la Triumph Scrambler, en un color azul mate que, al principio, parece que no pega demasiado, pero que a poco vas descubriendo que tiene su encanto personal. La posición de conducción es distinta a la Bonneville, también lo son sus ruedas de tacos y su aspecto de poder hacer un poco el ‘gamberro’, siempre en tiempo y forma, sin que la moto se resienta. Por la parte derecha es aún más bonita, ya que ahí lleva el doble tubo cromado que a nadie dejará indiferente. Eso sí, una moto ideal para el invierno, pues en verano, o al menos con un tiempo soleado, el abductor derecho te quedará un poco atorreznado, pues el calor que emite es importante. El tacto del embrague es similar al de la T100, y así será también en la siguiente protagonista.No podemos dejar pasar más tiempo sin subirnos a la Thruxton, y en seguida nos damos cuenta de que es la más exigente y diferente de todas las Triumph aquí presentes. Con una estética poderosa y una posición a los mandos que raya lo caprichoso, la Triumph Thruxton recuerda poderosamente a las motos de los años 50-60 que nacían para romper los records de velocidad en las salinas de Bonneville, tiempos llenos de éxitos, legendarios, para la marca británica.


Puños lejos, cortos y bajos, marcadores envueltos en una mini cúpula que apenas evita que el viento azote al afortunado piloto, culo muy atrás, casi te obliga a tumbarte encima del depósito. Con la Triumph Thruxton se disfruta doblemente. Antes de subirte a la moto, con su mera contemplación, sus escapes pareados, las finas líneas amarillas/doradas que recorren longitudinalmente la pintura oscura, hasta acabar en un colín con más de medio siglo de historia. Y por supuesto, conduciéndola. No es una moto para buscar el límite, ni para echar rodilla a tierra, ni para buscar la zona roja. Es una montura con un estilo y una clase como hay pocas en el mercado, un auténtico antídoto para los que piensan que pasan inadvertidos.


Nos damos un último capricho antes de regresar a la base: nos subimos a la Scrambler Café Racer, con profusión de cromados interrumpidos con delicadeza por un rojo vivo que configuran una de las motos más bonitas y de aspecto guerrero a la vez, con sus escapes agujereados, llantas de radios y unas ruedas de tacos que te hacen pensar de manera inconfundible que nadie podrá detenerte. La posición no es tan radical, ni mucho menos, que la vivida en la Thruxton, pero mejoraríamos un poco más y estaríamos más cómodos en su manejo si en el manillar los puños no fueran tan rectos, y tuvieran unos cuantos grados de giro hacia nosotros. Tiene el mismo detalle que caracteriza a la Scrambler que probamos anteriormente, y es el alto grado de calor que surge de sus escapes, directamente, hacia nuestro muslo derecho. Sin duda un peaje a pagar en periodos estivales para poder lucir el más genuino y clásico sabor de las motos de otra época, diseñadas e ideadas para disfrutarlas en el presente… y en el futuro.


Óscar González Soria – oscar.gonzalez@portalcoches.net

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