Update CMP
Revista » Pruebas de motos


Buscar por Scooters Buscar por motos naked Buscar por motos Sport Buscar por motos Custom Buscar por motos Trail Buscar por motos OFF Road
Buscar en la revista de motos Buscar en esta sección:
Lo más visto
Lo más comentado
Lo mejor valorado





Disminuir letra Aumentar letra | Imprimir | RecomendarEnvía | Hacer comentarioComenta
Comparte:
Compartir en Facebook Compartir en Delicius Compartir en Meneame

Fotos relacionadas

+ Ver todas las fotos



Triumph Bonneville, la moto de Lord Byron probada por Portalmotos

moriwoki moriwoki
Moriwoki, apodo que lleva más tres décadas con Tomás Pérez: Novelista, ex piloto de raids, de enduro, de vespas..., piloto actual de la Mac90. Más de 40 años subido en una moto, corriendo y viajando.

28/12/2010
Triumph Bonneville/Triumph Bonneville
 
Probamos la Triumph Boneville, una moto que represente la corriente Neoclásica de La Moto. La Triumph Bonneville, un ejercicio nostálgico de La Moto con la tecnología más vanguardista del siglo XXI, que probamos para vosotros en Portalmotos.




TRIUMPH BONNEVILLE, LA MOTO DE LORD BYRON
Líneas suaves que recortan siluetas de un pasado mucho más próximo en el tiempo de lo que algunos quieren situar para, pretendidamente, llamarlo histórico. Un pasado también mucho más cercano en la evolución de La Moto de lo que su aspecto pueda evocar a los más jóvenes y del desastroso recuerdo que sugiere verla en los que ya no lo somos tanto, o ya no lo somos. Formas curvas que recuerdan tiempos de los Beatles y de los Doors; una figura recortada en negro y reconvertida en sus entrañas para trasladarla en el túnel del tiempo hasta el siglo XXI, todo por la magia de una corriente artística instalada ahora también en mundo de La Moto: El Neoclasicismo. Un estilo de hacer motos cuyo máximo exponente se representa en un nombre que lo significa todo a lo largo de la historia en el mundo de la velocidad. La velocidad absoluta.Bonneville.

La Triumph Bonneville resurgió hace nueve años como el Ave Fénix de las cenizas de una fábrica quemada en los albores de su renacimiento (15 de marzo de 2002). La Triumph, Bonneville, una moto que inspira la leyenda por cualquier costado que se la contemple; una moto envuelta en un halo que representa la más pura esencia del romanticismo en equilibrio. La Bonneville, que nos hace sentir nostálgicos al mismo tiempo que nos transmite esa sensación de una moto de siempre, de una moto viva que vibra y huele; pero que no suda en absoluto, como lo hacía su lejano ancestro, la T-120 de finales de los sesenta. No verás ni un solo vestigio del aceite del motor, salvo a través del ojo de buey que controla su nivel.
Sintiendo esa dulce vibración cogido al manillar de la Bonneville, uno toma aire profundamente y elude con dificultad la tentación de cerrar los ojos para verse transportado en un romántico momento a la campiña inglesa para atravesarla al ritmo de un trote equino como el aristócrata que vive en el castillo victoriano que decora el fondo de uno de nuestros flancos.

La Triumph Boneville, tal vez es el estandarte más representativo de una época de dominio colonial, también en el mapamundi de la moto. Un modelo símbolo de una era que sugiere hoy día la nostalgia más entrañable de muchos y que también, por aquel entonces, seguramente por aquel fenómeno genético de la memoria selectiva, ha dejado en el olvido malos ratos y disgustos fruto del capricho más imprevisto. La Triumph Bonneville abandera esta nueva corriente del arte en moto; y tal vez el detalle de sus dos aparentes carburadores –de mentira, como decíamos de pequeños-, que guardan en realidad sendos inyectores gobernados electrónicamente, define claramente cuál es la mentalidad que impulsa a esta nueva línea motociclista: El Neoclasicismo.

Posición
Reconozco que tuvo que transcurrir el primer día completo junto a esta Triumph Boneville para que se me pasara, y no del todo, la grima que aún me producía mirar las formas de su bicilíndrico, con su cambio separado, con las roscas en forma de estrella que sujetan sus escapes a la boca de la culata y con la tapa lateral del motor cosida a tornillos.
Al sentarse, la propia posición sobre el sillín, la situación de las estriberas y la caída natural de las manos sobre el manillar sugieren una postura realmente cómoda e invita a lanzarse a la gran ruta. Una posición en el filo del modo custom, muy similar, para dar una idea, a la de la Sportster; con un manillar ancho y un tanto elevado, como digo, casi sobrepasando el límite de lo que hoy llamamos naked, aunque los pies caen sobre unas estriberas muy cerca de una postura GT.

Llevo la llave de contacto hacia su cerradura, que encuentro -tal y como me indicaron después de preguntar precavidamente al recogerla- en el lado izquierdo del faro. La giro y encuentro el primer contraste neoclásico: Unos relojes decimonónicos haciendo un chequeo digital previo al arranque, y a partir de ese momento, en el pequeño display rectangular puedo leer los dígitos de la hora, algo puramente de ciencia ficción cuando surgió en el mundo de La Moto el fenómeno Boneville.

Prueba Triumph BonnevilleMotor
El estárter es muy exigente en frío. Por un lado es una moto de inyección, pero por otro marca las pautas más claras de un motor de carburación. El motor debe estar prácticamente en su temperatura de trabajo para dejar de usar el estárter; si no lo hacemos así, escucharemos girar el motor de arranque inútilmente mientras comienza a llegarnos el inconfundible tufo a gasolina de la consiguiente borrachera.
El sonido al arrancar llega como una leve vibración al oído, como el preámbulo, o, mejor dicho, el primer síntoma que compondrá junto con otros cuantos un cuadro clínico con el que no contaba después de contemplar la estampa ancestral de esta Triumph Boneville. Un cuadro clínico que sorprende en una moto que en otro tiempo, en otro siglo, exigía cierta rudeza a su propietario, al menos a la hora de poner su motor en marcha.
Ahora no hay ni sombra de aquella rudeza: La Boneville del siglo XXI es pura suavidad.
Desde el primer metro comenzamos a sentir una tracción diría que deliciosa, que se prolonga a lo largo de toda la curva, muy plana, de potencia. Una potencia más que suficiente, que descubriremos si buscamos las cosquillas de este motor haciendo a la Bonneville mucho más rápida de lo que en un principio se podría presumir. Efectivamente, la Bonneville navegando entre curvas puede resultar muy divertida. El motor sale con suficiente fuerza de cada viraje, levantando la moto con soltura incluso llevando pasajero. Por tanto y a pesar de tratarse de un motor de conducción relajada, tampoco se siente incómodo en los regímenes altos del cuentarrevoluciones.

Las vibraciones existen, ya lo hemos dicho; pero son las justas, en mi modesta opinión, para hacer sentir la moto en nuestras manos, sentirla viva, sin molestar ni en los pies ni en las manos, porque, independientemente de las que transmita el motor, los puños, al igual que las estriberas, son de una goma muy mullida para absorber buena parte de ellas.

Parte ciclo
Esta moto es todo un paquete de una despreocupada dulzura que jamás llega al empalago, una moto dulce, sí, que invita a una suelta y relajada conducción. En distintas ocasiones nos han preguntado en el consultorio de conducción de este portal si la Triumph Boneville es una moto idónea para principiantes. Siempre respondí, atendiendo a la prudencia que exige el desconocimiento del que consulta, quiero decir el no saber quién te está preguntando, que no, que por peso y cilindrada no es el modelo más apropiado para iniciarse. Tras realizar esta prueba a fondo, no es que haya cambiado de opinión, no, sigo pensando básicamente igual. Sin embargo, sí que he matizado mi forma de contemplar esta obra del neoclasicismo. La reducida altura del sillín, rozando las cotas de las custom, como hemos dicho, su sencillo equilibrio de masas –me refiero al equilibrio físico-, que guarda el conjunto desde el primer metro de la arrancada, sus recogidas medidas en general y esa dulzura del motor. Su facilidad de manejo en general, en cualquier circunstancia, hacen pensar en esta Triumph Bonneville como una excelente segunda moto; quiero decir como un moto ideal para colocarla en el siguiente peldaño al que debe de ocupar la verdadera moto de iniciación, mucho más pequeña en tamaño, peso, potencia, entrega y cilindrada.

Dado su recogimiento de líneas, también de su primitiva ergonomía –un tributo que hay que pagar a las líneas clásicas-, su bajo centro de gravedad y la contención de todas sus medidas, la Bonneville muestra una prodigiosa agilidad, más propia de una moto con cilindrada mucho menor.
Prueba Triumph bonevilleFrenos
Había escuchado algún reproche anterior sobre los frenos de esta moto, sobre su justa potencia. Lo cierto es que a lo largo de la prueba pude comprobar que no tiene demasiada justificación. La frenada de la Bonneville contribuye al equilibrio, homogeneidad y suavidad que ofrece todo su conjunto al motorista. La frenada de la Bonneville es lo suficientemente eficaz dentro de ese logrado equilibrio que guarda toda la moto.

Suspensiones
La horquilla cumple a la perfección, absorbiendo la inercia de la frenada y también las irregularidades del asfalto con suficiente eficacia para ofrecer un apreciable confort a la conducción. Otra cosa es el doble amortiguador trasero, que muestra cierta debilidad al pasar rápido e inclinado sobre las juntas de dilatación de un puente, al mismo tiempo que se muestra seco con nuestros riñones en los badenes intimidatorios de barriadas y urbanizaciones. Hace muchos años que se inventaron los amortiguadores de gas y también de doble efecto, que vendrían que ni pintiparados en esta Bonneville así como en toda la gama neoclásica de Triumph, sin alterar demasiado ni la estética, ni tampoco un precio que a nuestro juicio viene suficientemente holgado.

Los neumáticos
Metzeler Steel se mostraron a la altura en todo momento, ofreciendo un agarre excelente en los tramos de montaña y contribuyendo a la impresión general de confort que brinda todo el conjunto.

Dos versiones.
Probamos las dos. Son la misma moto simplemente ofrecida con dos estéticas. Nada cambia ni en sus prestaciones, ni en su comportamiento ni en su equipamiento.

T-100
Guarda la imagen exacta de la Bonneville original que apareció en el mercado a finales de los sesenta. Con el motor completamente pintado en negro, los guardapolvos en forma de fuelle sobre las barras de la horquilla y ambas llantas de radios. Alguno diría que es la versión más retro cuando en realidad es un calco del pasado. No se trata de una marcha atrás, sino de un camino hacia delante tomado en una dirección diferente a la tendencia general del mercado.
Está disponible en los siguientes colores: Verde Forest/Blanco New England, Negro Jet/Blanco Fusión, Vintage Cream/Chocolate

SE
Podríamos decir que es la más neoclásica de las dos porque introduce una moderna variante sobre las mismas formas clásicas. La SE muestra unos colores un tanto más vistosos, aunque guardando la obligada mesura del modelo, las tapas del motor pulidas en ambos lados y, lo más sobresaliente, las llantas de aleación.

Está disponible en los siguientes colores: Azul Pacific/Blanco Fusión, Negro Jet, Intense Orange/Phantom Black

Pegas
-Bajo mi modesto entender, hay una serie de detalles que no deben confundirse con pegas y que han de tomarse como pequeñas molestias, tributos al Neoclasicismo, si es que asumimos tener una moto que traslada el espíritu del pasado a nuestros días. Tales pueden ser el cláusor (bloqueo de la dirección incrustado en la misma pipa del chasis), la autonomía de 190 km para montar un depósito de línea obligada y volumen contenido o el propio estárter. En ese mismo sentido, hubiera estado bien montar la inevitable palanca de arranque de entonces para completar esa imagen de los sesenta. No me hubiera importado, en absoluto, encontrarme con ella, aunque fuese meramente testimonial, como el propio detalle de los carburadores. Lo cierto es que -como anécdota- incluso la eché en falta.

Las verdaderas pegas encontradas son:

1.- Las mencionadas carencias de la suspensión trasera.
2.- El espumado del asiento podría ser algo más generoso. Se hace duro innecesariamente con el paso de los kilómetros (más de 200, por ejemplo) y además contribuye a resaltar ese reproche que hemos hecho a la eficacia del doble amortiguador trasero.
3.- En una moto que traslada otros tiempos a nuestros días, tiempos de brillo y metal, encontrar los intermitentes de plástico puede decepcionar a más de uno. Lo cierto es que, en su favor, tienen el hecho de estar fabricados en un polímero de alta calidad, del que no da la impresión de que el cromado vaya a descascarillarse si no es con el picotazo de alguna piedra o con cualquier maltrato.

CONCLUSIÓN
Una moto muy práctica, robusta y polivalente.
Una moto que se desenvuelve con fantástica agilidad entre el tráfico y con un motor que soporta estoicamente los ritmos atragantados que imponen los atascos. Una moto que alberga dos plazas con sobrada holgura y suficiente comodidad. Una moto con la que podemos disfrutar de las salidas dominicales y que también se adapta sin problemas a prolongadas jornadas en la ruta para hacer un viaje a los confines del mundo. Todo eso está muy bien desde el punto de vista mercantil, desde la óptica del comprador interesado que busca dar un rendimiento directo y también prosaico a su dinero.
Sí, está muy bien.
Sin embargo, al comprar una Triumph Bonneville, llega un momento en el que lo que procede es dejar al margen el sentido más práctico de esta moto. A una Bonneville se la debe mirar con otra mentalidad, con un sentimiento o, más bien, con un espíritu muy particular: El del romanticismo que ha inspirado esta creación y que evoca tanto sus líneas al contemplarla como sus sensaciones al conducirla. Si quieres una Bonneville, debes guardar dentro de ti siquiera una brizna del espíritu que impulsó esa corriente a principios del siglo XIX y que ha quedado grabada en la historia de la Humanidad como la más lírica y profunda de todas. Si quieres una Bonneville debes dejar volar de cuando en cuando tu imaginación amordazada por la cotidiana monotonía, y estar dispuesto a dejarte llevar por tu propia fantasía. Si quieres una Bonneville, debes sentirte en alguna medida, por pequeña que ésta sea, Lord Byron sobre dos ruedas.

PRECIOS:
T-100
9.195€ Black 8.895€ Sixti 9.495€
SE
8.695€ Bitono 8.895€

FICHA TÉCNICA
Motor
Refrigeración por aire,doble árbol de levas en culata,bicilíndrico en paralelo con cigüeñal calado a 360º
Capacidad
865cc
Diámetro por carrera
90x68mm
Radio de compresión
9,2:1
Sistema de alimentación
Inyección secuencial electrónica multipunto con SAI
Trasmisión final
Cadena
Embrague
Multidisco en baño de aceite
Caja de cambios
5 velocidades
Chasis
Cuna de acero tubular
Basculante
Doble brazo,acero tubular
Rueda delantera
36 radios, 19x2,5 pulg
Rueda trasera
40 radios, 17x 3,5 pulg
Neumático delantero
100/90 R19
Neumático trasero
130/80 R17
Suspensión delantera
Horquilla Kayaba de 41 mm, con 120 mm de recorrido
Suspensión trasera
Doble amortiguador Kayaba cromado con ajuste en precarga.Recorrido de 106 mm
Frenos delanteros
Disco de 310 mm, pinza flotante de 2 pistones Nissin
Frenos traseros
Disco de 255 mm, pinza flotante de dos pistones Nissin
Longitud
2.230 mm
Ancho
740 mm
Altura
1.100 mm
Altura del asiento
775 mm
Distancia entre ejes
1.500 mm
Lanzamiento/ Avancce
28 grados/ 110 mm
Peso con carga
230 kg
Capacidad del depósito
16 litros
Potencia máxima
CE 67 Cv / 66bhp /49Kw a 7.500 r.p.m
Par máximo
CE 68 Nm / 50 ft-lbs a 5.800 r.p.m


Autor: Tomás Pérez
Director de la Escuela de Conducción
Fotografía: José Luis Amorós
Compartir en Facebook Compartir en Delicius