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SUZUKI INTRUDER C 800 C – Prueba Moto – De la naturalidad al puro placer

moriwoki moriwoki
Moriwoki, apodo que lleva más tres décadas con Tomás Pérez: Novelista, ex piloto de raids, de enduro, de vespas..., piloto actual de la Mac90. Más de 40 años subido en una moto, corriendo y viajando.

26/10/2011
Suzuki Intruder 800C/Prueba moto Suzuki Intruder 800 C
Naturalidad, suavidad, dulzura y sencillez son los atributos que hacen la conducción de esta Suzuki Intruder 800 C un puro placer. La Custom de Suzuki despliega sus encantos sin abrumar, en una moto apta para todos los públicos.




Ya son dos décadas las que lleva este popular modelo custom dejándose ver por nuestras carreteras. Un tiempo que ciertamente ha convertido a la Suzuki Intruder 800 en una moto popular, muy popular, por eso hemos incluido en el reportaje fotográfico una instantánea delante del centro social de la popular barriada de Entrevías, en el corazón del popularísimo y carismático distrito madrileño de Vallecas.
 
Suzuki Intruder 800 CHablar del espíritu custom en una moto con un comportamiento tan suave como el de la Suzuki Intruder C 800 C puede sonar como un contrasentido vital: el de la suavidad, o la dulzura, con el rudo espíritu que engendra el llamado Lado Oscuro de la Moto. Pero la verdad es que, si hay un concepto con el que pueda identificarse el conjunto de sensaciones que transmite esta Intruder C 800 C ése es: La Naturalidad. Todo está en su sitio y todo parece caer en la mano envuelto por esa suavidad aterciopelada de su comportamiento a la que hacemos referencia. Una moto que convierte con sencillez la naturalidad en puro placer.
 
Posición
 
Todo resulta muy natural, como decimos, empezando por la posición con el manillar muy ancho, pero que cierra las puntas para traerte los puños hacia el pecho y entregarlos relajadamente en tus manos. Concede un sobrado brazo de palanca sin forzar la postura a la crucifixión. El trasero, por su parte, cae con su franja justa sobre el asiento para acoplarlo con una comodidad rutera.
 
Los pies, por su parte, se dejan caer sobre unas cómodas plataformas abatibles en su punto justo, ni muy atrasadas ni, sobre todo, demasiado adelantadas. Sobre la posición de los pies, o mejor dicho, del pie izquierdo, encontramos otro detalle que subraya más si cabe esa naturalidad. Hablo de la palanca de cambio con el sistema ancestral de “puntera-tacón”. Sí, antes todas las motos motaban una palanca de cambio de ese tipo: Recuerdo mi Ossa 175 Sport, que ya era antigua durante la etapa que estuvo conmigo (uno es mayor, pero no prehistórico, al menos aún), con esa particular palanca de moto antigua que resultaba un acierto, en cuanto a comodidad se refiere. Son unas cuantas las custom de ahora las que la utilizan, la Intruder C 800 C también, y en ella, con el tacto entre algodones de su selector del cambio, convierte en un simple gesto el tránsito a una marcha más larga; tanto es así que cuando empieces a pisar con el tacón la palanca, te olvidarás por completo del empeine.
 
Pero con esta clásica palanca de cambio nos hemos adelantado al inicio de la marcha. Volvamos atrás para arrancar.
 
El 800 en uve de la Intruder
 
El embrague tirado y botón de ignición. El motor se pone en marcha apenas sin solicitarlo y deja escapar el dulce sonido de un bicilíndrico pacífico y austero. Primera sin ‘clanc’ y soltamos un embrague, que también es una seda, para iniciar una marcha pausada, porque la paz que inspira este motor invita al desfile más que a la marcha, al viaje o incluso al propio paseo; aunque lo cierto es que la Intruder guarda en su seno unas grandes cualidades ruteras, precisamente por la versatilidad de su motor, tanto para ese desfile como para la larga travesía.
 
Y es que el motor 800 de la Intruder ha ido evolucionando a los largo de estos años hasta convertirse en un prodigio de suavidad y también de robustez. Pienso que en este sentido existe un momento de este motor en particular que muestra como nadie estas dos virtudes tan diferentes: el ralentí. Por un lado, resulta un verdadero placer al oído escuchar su ronroneo, casi como un rumor tamborileado en medio de la noche o acompañándote mientras te equipas en tu garaje. Por otro lado, en determinada circunstancia, el ralentí constituye en sí una prueba de fuego para el motor, como así tuve oportunidad de comprobar yo mismo con esta unidad de prensa. Después de una paliza, de una soberana paliza que no me quedó más remedio que darle durante un centenar de kilómetros, apretado por el reloj y yendo a un ritmo aberrante para una custom, me detuve a la espera de la apertura automática del garaje. Ahí pude escucharle claramente, y me sorprendió su respuesta. Pero no me dejé llevar por la primera impresión y quise asegurarme de que el sonido no era suavizado por el acolchamiento del casco. Por eso mantuve después la Intruder 800 C en marcha durante algún minuto dentro de la plaza y con la cabeza despejada de apreturas. El ralentí era exactamente el mismo, ni un tac, ni un tic o ni un toc, ningún tiquitaca, ni la más mínima holgura de taqués, ni una queja: No se había inmutado. El ralentí sonaba exactamente con el mismo ronroneo. Además esa robustez propia del motor se ve prolongada hasta la rueda por una transmisión de cardan, que subraya más incluso esa robustez que caracteriza a esta Intruder C 800 C.
 
Vibraciones
 
La vibración de una moto se ha convertido hoy en día en algo tan particular como el propio gusto estético. Hay motoristas curtidos que aprecian la ruda trepidación de cualquier cerda, y también hay motoristas más sibaritas, ¿por qué no?, a los que molesta el batir de un motor bajo los pies y dentro de los puños. No tienen por qué ser los segundos más delicados que los primeros: puede darse el caso de que soporten como nadie el frío y la exposición a los elementos tan característica de la postura custom o incluso luchar contra el viento como el biker más aguerrido. Es cuestión sólo de gustos, y tampoco vamos a identificar un estilo de vida con la obligación de fijar los empastes con silicona cementada antes de cada salida. Al menos eso es lo que me parece.
 
La Intruder transmite en este sentido, en el de las vibraciones, una doble sensación: Por un lado es pura dulzura, lo que se dice una seda, a bajas revoluciones, en marchas cortas y paseando por la ciudad; y por otro, en torno a los 110/120 por hora, a ritmo de crucero custom, transmite una vibración a través de los puños, que tal vez sea la justa…; aunque claro, ¿qué se entiende por “La Justa” a estas alturas? En cualquier caso, se trata de una vibración contenida, pienso que para no molestar, al mismo tiempo que suficiente para sentir la moto viva.
 
La crepitación
 
La Intruder es una auténtica custom en otros aspectos, a pesar de sus plásticos y de algunos elementos distorsionantes como el sonido del electroventilador en una subida de la temperatura también. Sí, la Intruder C 800 C también crepita al enfriarse. No crepita como la sartén de Lucio que se monta en los metales de una americana después, incluso, de un pequeño paseo, pero lo cierto es que la Intruder también crepita.
 
Una moto urbana
 
Una afirmación que hay que tomar con la pertinente reserva. Efectivamente, la Intruder C 800 C es una custom civilizada y urbana, en cuanto al placer que reporta su marcha lenta. Pero, ojo, no hablamos de una marcha urbana a través de avenidas alicatadas de coches hasta el techo, de ninguna manera; en ese escenario la Intruder 800 C, no sólo se muestra torpe y aparatosa, sino que llega a resultar incómoda a pesar de su suave conducción. Si hablamos de la ciudad para la Intruder, lo hacemos refiriéndonos a placenteros paseos urbanos a través de calles apacibles y doblando amables esquinas, sin apenas tráfico y con algún semáforo intercalado, ¿por qué no?, para recrearnos con ese dulce ronroneo de su motor al ralentí.
 
Una moto nocturna
 
Así es, la Intruder es una de esas motos que se hace acogedora en la oscuridad, una moto que se brinda a la melódica sincronía con su motorista bajo las estrellas por varias razones difíciles de explicar. Una podría ser el propio faro con su tamaño y su excelente haz de luz; pero es algo más. Se trata de un sinfín de pequeños detalles que tendrás que descubrir tú mismo con esa particular sensibilidad que caracteriza al amante del custom. Sí son detalles que pueden pasar inadvertidos para la mayoría y que, tomados uno a uno, no significan nada, pero que dispuestos en conjunto proyectan una imagen instantánea, una impresión semejante a la que provoca un cuadro… impresionista. Una imagen, una sugerencia nocturna.
 
En estas condiciones, las de la noche, apreciamos una lectura digital de la instrumentación, discreta y suficiente, que se agradece mimetizada con su negro sobre gris bajo el gran reloj que preside el depósito.
 
La frenada
 
Suficiente delante y resultona detrás. Antes decíamos que había mejores tambores traseros –recuerdo el de la Sanglas 400- que los primeros sistemas de disco. Ahora diría que todavía se montan tambores de freno trasero bien manufacturados que ofrecen una eficacia superior a la de muchos frenos de disco baratos. Éste es el caso del tambor trasero de la Intruder C 800 C. En cuanto a la parte delantera, el único disco se basta y se sobra, ayudado por un tacto aceptable de la horquilla, para detener la moto incluso en situaciones apuradas.
 
Pegas
 
-Los plásticos brillantes. Aunque menos que en otras motos japonesas de esta clase, no dejan de resultar un detalle impuro y en contradicción con ese espíritu custom que trata de inspirar esta moto desde que se concibió sobre la mesa de dibujo.
 
-Un cambio con sólo 5 marchas pude resultar suficiente contando con los bajos de este motor de 800 en uve, pero en una moto de 2.011 es muy difícil no pensar en una mera racanería, máxime cuando hasta los bicilíndricos gigantes de este género se mueven con seis relaciones.
 
Kilometraje de la prueba:
 
Ciudad: 100

Autovía: 300

Carretera de montaña: 320

Total de la prueba 720 Km

Precio: 9.049€ (Incluye IVA, montaje y transporte)
 
FICHA TÉCNICA

Tipo de motor

Motor V-Twin de 4 tiempos, bicilíndrico en V a 45º, refrigeración liquida, SOHC

Diámetro x carrera

83,0 mm x 74,4 mm

Cilindrada

805 cc

Relación de compresión

9,4:1

Potencia

52 CV

Alimentación

Inyección

Encendido

Digital con mapas de 3D y sensor de posición del acelerador

Caja de cambios

5 velocidades, toma constante

Transmisión secundaria

Por cardán

--- ESTRUCTURA DE LA MOTO ---

Suspensión delantera

Telescópica, amortiguación hidráulica

Suspensión trasera

Amortiguación hidráulica, precarga de muelle ajustable en 7 posiciones

Freno delantero

Disco

Freno trasero

Tambor

Neumático delantero

130/90-16 M/C 67H, con cámara

Neumático trasero

170/80-15 M/C 77H, con cámara

--- DATOS GENERALES ---

Longitud total

2.510 mm

Ancho total

970 mm

Altura total

1.105 mm

Distancia entre ejes

1.655 mm

Altura del asiento

700 mm

Peso en vacío

248 kg

Capacidad del depósito

15,5 litros

 
Tomás Pérez
 
 

 

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