Jose_Angel_lorenzo
La Superlow marca terreno, tiene personalidad propia, y es una moto apta para iniciarse en el proceloso, variopinto y enriquecedor mundo Harley. No te pierdas esta personal visión de la Harley Davidson Sportster Superlow.
-¿Cómo quieres la hamburguesa?-, me pregunta la camarera mientras se limpia las manos en un raído delantal amarilleado por eternos lavados. El rizado pelo castaño lo recoge con una pequeña coleta que deja escapar algún mechón rebelde y sus ojos verdes me hacen repasar mentalmente si alguna vez me he encontrado con una empleada de hostelería, de ese porte, en mis recorridos moteros por la sierra. Sin duda, no.
-Poco hecha – Finalmente me decidí.
-Tú verás, pero es bastante gordita–, me cuestionó de nuevo como si fuera un desafío.
-De todas formas poco hecha, sólo me asusta la sangre que es mía–, sentencio como el fanfarrón de una mala película.
La delgada figura de la camarera desaparece por una puerta lateral en el interior de la barra, mientras, me quito mi chupa de cuero y la dejo descansar junto con el casco encima de una elevada silla, gemela a la que voy a ocupar. Me lo he pasado bien, he hecho unos cuantos kilómetros cabalgando la versión actualizada, y en formato Superlow, de una vieja conocida:
Todavía siento en los pies las vibraciones producidas por el roce de los avisadores de las estriberas en muchas curvas, he tenido que compensar con el cuerpo en varias ocasiones para no inclinar tanto la moto y marcar el asfalto con metal de Milwaukee. He tenido que bailar bastante con ella a ritmo de rock de montaña y es que resulta bastante fácil tocar.
Bebo de mi vaso y persigo las burbujas de su interior para que engañen a mi estómago protestón que se queja por su vacío; el ansia se calma al aparecer de nuevo la chica del rizado pelo castaño con mi hamburguesa. Mientras deja el plato en la barra sus ojos verdes observan
-Digamos que sí.
-¿Es la 883 nueva?
-Sí,
Me mira, arruga la nariz y se da la vuelta mientras alcanzo a escuchar como murmura:
-Bah, “infectada”, puta electrónica.
Me sonrío y me agarro a mi redondo bocadillo de vaca segoviana como si me lo fueran a quitar, lo devoro y mientras se me vienen a la cabeza las imágenes que siempre se proyectan en mi cine interno: la secuencia de Pulp Fiction en la que Samuel L Jackson pide compartir refresco y hamburguesa a aquel pobre diablo. Acabada mi particular sesión de tarde observo a la chica como vacía un lavavajillas en la que es su última tarea del día.
-Así que ¿eres de esas?
-Con cierto gesto desafiante y mueca irónica me devuelve la pregunta.
-¿De esas? ¿qué tipo de “esas”?
-De las personas que no quieren avances en las Harleys.
Me mira unos instantes mastica mentalmente lo siguiente que me va a decir y me lo escupe.
-¿Te ha gustado la hamburguesa?
-Pues bastante, la verdad–, juro que es así.
-Pues el tomate podría ser de una de esas grandes superficies con un increíble sabor a nada y en vez de hacerte la carne a fuego, como se debe, podría haberla metido en un avanzadísimo microondas. Eso es avance, pero no quiere decir que sea mejor. Hay cosas que están como deben y no hay que cambiarlas.
Encajo el escupitajo filosófico grasiento y me explico haciéndome un poco el enteradillo.
-Conozco las 883 de carburación y las de ahora y puedo decirte que hay cosas que han mejorado.
-¿Cómo cuales? ¿ésas ruedas, llantas y deposito de moto coreana?
La burla pretende hacerme daño, sin duda me cree partidario de la inyección, seguramente me toma como un recién llegado a este mundo del custom, uno que se acaba de comprar una Sportster y está haciendo sus primeros kilómetros y aún así se hace el “listo”.
-Quizás, pero, estética aparte, esas ruedas ayudan a que se agarre de una manera más noble y ese deposito tiene más litros que el “Peanut”…- No me dejó seguir.
-“¡Estética aparte!”–, me imita con indignación –, pero, ¿cómo se puede pretender dejar aparte la estética en una Harley? Definitivamente el mundo se volvió gilipollas y yo no me enteré–. Toma una bayeta húmeda y comienza a limpiar la barra
–Al menos sabes que el deposito de gasolina correcto se llama “Peanut”–, me dice con claro tono condescendiente.
Sobre la barra deposita dos vasos pequeños que rellena con un reposado elixir de ocho años de lo que llamaríamos las Highlands segovianas. El digestivo no es más que el preámbulo de una agradable conversación de dos moteros amantes de la cultura custom, de sus hierros, su música, su arte sobre lienzo, pared o piel. Me interroga con absoluta subjetividad sobre la nueva 883, porque ella tiene las cosas claras muy claras y sabe lo que le gusta y detesta que se lo cambien a peor. Es un más que magnifico motivo para no permitir al listo de turno menospreciar a una Sportster con el estúpido argumento de que es una moto de chica, como si eso fuera malo, como si eso restara merito. Tal vez el acomplejado de turno vomite semejante bilis montado en su Cruiser de cromados de plástico.
Hablamos de los “Harlystas” de verdad que conocemos, los que tienen una Harley no por tener una buena situación económica, los que tienen una Touring y aún así veneran una leyenda como
-Claro que es mejorable–, sentencia ella, -pero para muchos ahí radica su atractivo.
Cualquiera puede llevar una moto perfecta y eficaz, sólo los especiales sienten atracción por los hierros, pero desde luego todo el mundo siente, cuando menos, curiosidad por lo nocivo. El peligro atrae: un novio que sabes que no te conviene, un viaje a un país inhóspito – me señala la botella – esa dorada luminosidad que te cambia el espíritu, te falsea el ánimo, te puede hacer caer en una espiral que desemboque en tirar tu vida por el retrete de cualquier tugurio. Y lo sabemos, lo tenemos presente y aún así nos seduce. Pues aún así yo creo en esa moto es mi personal acto de fe.
Le confieso que este acto de fe es más sencillo con las Michelin de perfil bajo, más eficaces que anteriores Dunlop pero que restan a la imagen de la moto un tanto de sabor customero.
Tratamos el asunto de la cantidad de “achiperres” que la marca ha puesto a la venta para este modelo, entre ellos, una pantalla e incluso un baúl. Habrá gente que le ponga estos aditivos, pero como hay gente que se pone calcetines con sandalias ó echan gaseosa a un buen vino.
El tiempo se me ha echado encima, he consumido con placer todos los minutos de esa parada en el camino, la despedida es corta y sin falsedades, una promesa de volver y un deseo de kilómetros.
Giro la llave de la moto y la pongo en marcha con su pulsador, este modelo carece de alarmas y mandos de proximidad modernos e inútiles cerca de edificios con medidas de seguridad. El sonido que se emite es muy triste, apagado, nada nuevo en todas las Harleys con sus medidas restrictivas.
Se me agudiza el sentido del oído cuando unos martillos de Lucifer golpean su yunque y por detrás del edificio del bar su estruendo se hace notar. Por un lateral aparece una figura femenina montando una Sportster con cuelgamonos pintada en negro mate y dibujos de estilo mexicano, de su casco sobresale una rizada melena castaña, me saluda con un movimiento de su cabeza y retuerce la oreja a la cerda. Mientras se aleja su maravilloso sonido se va perdiendo por los bosques de la sierra. Me sonrío y pienso que no le pregunté su nombre.
José Ángel Lorenzo Valbuena
FICHA Técnica Harley Davidson Sportster Súperlow
Cilindrada: 883 cc
Motor: 2 cilindros en V y 4 tiempos (Evolution)
Diámetro por carrera:
Refrigeración: Aire
Par Motor: 70 Nm a 3.750 rpm
Alimentación/combustible: Inyección electrónica secuencial de combustible (ESPFI)
Cambio: 5 marchas
Transmisión: Por correa.
Dimensiones:
Longitud total:
Distancia entre ejes:
Altura del asiento:
Peso en vacío (declarado): 251 Kgs
Depósito de combustible:
Suspensiones:
Delantera: Horquilla telescópica Showa de
Trasera: Doble amortiguador regulable en precarga de muelle con un recorrido de
Neumáticos:
Delante: 120 / 70 ZR 18
Detrás: 150 / 60 ZR 17
Frenos:
Delante: Disco con pinza de doble pistón
Detrás: Disco de un pistón.
Datos de interés:
Autonomía: +/- 350 kms
Consumo / 100 kms: 4,6 combinado ciudad/carretera
Con la mano en el corazón
Una moto de acceso al mundo Harley, de uso agradable en ciudad y con la que poder acometer viajes con todas las garantías a ritmo tranquilo, ¡que leche! a ritmo de custom
Una moto para…
…no buscarse complicaciones y una gran base para expresar tu creatividad.
KILÓMETROS PRUEBA – 430 Kms
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 15%-50%-35%
Bien
Potencia en bajos
Manejable en ciudad
Consumo
Menos Bien
El tapón escamoteado del aceite es fácil de tocar con el muslo y elevarlo, no supone nada en un principio, pero entonces ¿para que escamotearlo?
Los mandos de embrague y freno trasero demasiado metidos hacia dentro respecto a las estriberas.
Precio: Desde 8.800 €
Segunda opinión
Repito, a pesar del 1,92, me he sentido muy cómodo conduciendo la Low; claro que…, otra cosa es la estética que un conjunto así transmite al exterior, una imagen que podía ver reflejada fugazmente en las cristaleras de los escaparates. Pero el sentido del ridículo de un servidor hace ya tiempo que se halla fijado en otros parámetros más próximos a la Dignidad y esas cosas que a la mera proporción de los tamaños de los hombres y las motos.
Por otro lado y aprovechando que hablamos de la más pequeña de las Harleys, un comentario añadido acerca de su motor. Escucho decir a muchos harlystas que el 883 es prácticamente raquítico, que enseguida se queda pequeño. A mí, en mi modesta opinión y desde alguna distancia con el mundo custom, el 883 de Harley me transmite la sensación de un motor lleno y muy homogéneo, que ofrece un tirón suficiente en sus tres mil y pico revoluciones de utilidad y que te puede llevar trepando con su gracia y soltura por una carretera de montaña con equipaje a bordo y con pareja, no en esta Low, claro está, pero sí en las otras versiones Sportster biplazas.
La pega de esta moto es la de todas las Sportsters. Es inconcebible que cualquier marca monte hoy en día unos amortiguadores con un rendimiento tan impresentable como la pareja que soporta el tren trasero de todas las Sportster que he probado. Su comportamiento, sencillamente infame, se manifestó en esta Low al abordar el primero de esos molestos vigilantes que se encuentra al salir de mi casa. A ritmo muy lento, calentando aún el motor y con la precarga ajustada en la máxima posición ¡hicieron tope al acabar la leve bajada, apenas medio metro! De acuerdo que el sistema de la doble amortiguación trasera por clásico muestra sus claras carencias frente a otros de comportamiento mucho más efectivos, pero a estas alturas del siglo XXI la tecnología ha avanzado más que suficiente para que el mercado auxiliar ofrezca a Harley una suspensión presentable sin renunciar a una estética acorde con su espíritu y sin necesidad de acudir a la sofisticación, por ejemplo, de la amortiguación de doble efecto (suave en los primeros centímetros y resistente, a modo deportivo, en el resto hasta hacer tope), que encarecería aun más el precio final de la moto.
Tomás Pérez
www.escuelaportalmotos.com