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HARLEY DAVIDSON FAT BOY SPECIAL – Prueba moto – ¿La máquina de Terminator?

moriwoki moriwoki
Moriwoki, apodo que lleva más tres décadas con Tomás Pérez: Novelista, ex piloto de raids, de enduro, de vespas..., piloto actual de la Mac90. Más de 40 años subido en una moto, corriendo y viajando.

24/05/2011
Harley Davidson Fat Boy/Prueba portalcoches Harley Davidson Fat Boy
Harley Davidson sigue fiel a su estilo y a su leyenda. Con esta Fat Boy Special, la marca de Milwakee pone sobre la mesa todo su buen hacer para satisfacción de sus incondicionales y pone a nuestro alcance una máquina de culto que ha tenido incluso su momento de gloria en el celuloide de la mano de Terminator. No te pierdas este completo test a un mito, la Harley Davidson Fat Boy Special.




                                                HARLEY DAVIDSON FAT BOY SPECIAL
 
 
`Necesito tu chupa, tus botas y las llaves de tu moto’.   Un par de huesos rotos y tres dientes volando después, arranco el motor de una máquina antigua, que suena como un barco de vapor rompiendo esta noche calmada en la que he me han traído para cumplir una misión vital para la pervivencia de los humanos. Desde el mismo momento en el que supe que ya podía recoger esta moto tan cinematográfica, mi mente se transformó en el cerebro de un T-800.
 
Es verdad que algunos de mis amigos harlystas más recalcitrantes, acuartelados en lado más oscuro de la marca, me han regañado cuando he sugerido la imagen de este modelo utilizando como marco la película más cara de la historia en su momento. Me dicen que la Fat Boy ya ha madurado, trascendiendo al personaje y al guión de ciencia ficción, pero a mí me traen al pairo las charlas doctrinales de mis amigos harlystas. No puedo hacerles caso porque mi software sólo tiene un objetivo prioritario desde que asignaron mi destino al encuentro con esta Fat Boy Special. Desde el momento en el que tomé conciencia de cuál sería el objeto de mi trabajo, me convertí en un organismo cibernético recubierto con la piel y los músculos de los humanos y con una mente programada en 2.048.
 
   Soy un Terminator.
 
He llegado al final de la noche que arropa el sueño de los humanos, y el millón de luces que marca el contorno de la ciudad no se inmuta ante el paso de mi máquina. Va dejando un sonido apagado, un rumor que a pesar de todo llega a mis sensores con un vibrante petardeo. 
Transito por una de las autopistas concéntricas que rodean L.A. y sincronizo mi visor telemétrico con el pequeño display que descubro sobre el centro de la moto para ajustar la velocidad al límite que veo marcado en las señales. 2.640 r.p.m. son exactamente 110 km/h en la sexta marcha.
 
¡Qué normas más absurdas se imponen los humanos! Pero no debo llamar la atención: cualquier incidente puede  poner en alerta el objetivo que me ha traído hasta esta década pretérita. Busco la salida cuando el primer resplandor del día comienza a rasgar la oscuridad. Llego a un cruce con una curva redonda y la abordo con simpleza: Seguro que la mayoría de los humanos motoristas hubieran dicho que cuesta trabajo meter esta moto en el giro; pero yo no he encontrado ninguna dificultad, Aunque claro, yo soy un Terminator.
 
Alcanzo una zona de pavimento regado por el camión de la cisterna que descubro un centenar de metros más adelante. En ese momento, un humano sale de un garaje a bordo de su automóvil y lo cruza en medio de mi camino. Mis sistemas de alerta dan la orden inmediata de presionar a fondo los rudimentarios mandos de frenado y mis sensores detectan entonces la intervención de un dispositivo primario que impide el blocaje de las ruedas sobre la humedad. Primario pero que funciona; aunque yo no lo necesito. Yo soy un Terminator.
 
El cielo se cubre de luz con la llegada del día y los barrios que cruzo, dormidos hace apenas unos minutos, de  repente se convierten en hormigueros alterados por otro fenómeno absurdo de los humanos: La prisa de las mañanas, La Prisa sin más. La gente que cruza con paso apresurado ante mí en los semáforos, concentrada en esa carrera contra el reloj, no repara en mi imponente presencia, no se dan cuenta de que están pasando delante de una máquina exterminadora, un Terminator.
 
Continúo mi camino en busca del objetivo primordial de mi presencia y alcanzo un paso de peatones en el preciso momento en el que una venerable anciana decide abordarlo de una forma inesperada, completamente inconsciente. Detengo la marcha con brusquedad, otra vez con la acción de ese primitivo sistema que no necesito porque me repito que soy… La señora desfila con paso lento y renqueante sobre la pintura a listas y levanta la cara para mirarme con fijeza. Sin embargo no comprendo su reacción: Me sonríe con dulzura y me saluda cariñosamente con su mano. ¡Pobre mujer! Su mente senil, pienso, le ha llevado a sonreírme plácidamente en lugar de haber quedado paralizada por el terror al descubrir que pasaba delante de mí, delante de un Terminator.
 
Reanudo la marcha, tras el pequeño desconcierto de mis circuitos lógicos, cuando el sol comienza a emboscarse tras las gigantescas fachadas que dan la espalda al Este. Después de una pequeña tregua en la población humana, un tiempo muerto en medio de la fiebre acelerada de la primera hora, vuelve otra oleada de alteración, aunque ésta segunda tiene unos particulares protagonistas: Los humanos más pequeños, a los que ellos llaman “niños”. Transitan dando trompicones por las aceras a remolque de los mayores, que tiran de ellos cogidos por la mano. Pasan por las aceras, sí, pero sobre todo viajan en los asientos traseros de los automóviles. Es entonces cuando me ocurre lo más desconcertante.
 
Me detengo frente a la luz roja de un cruce y se para a mi lado un vehículo con un niño mirando a través de la ventanilla trasera. El humano pequeño levanta unas cejas de admiración y muestra un rostro de asombro mientras me mira deslumbrado… Pero no, un momento. No me mira exactamente a mí: mira a la máquina sobre la que voy subido. Está claro que le ha impactado, no despega la vista de ella hasta que la luz cambia de color y arranco a la par que el vehículo, que se adelanta con esa obligada prisa. En el momento en el que el coche empieza a alejarse y cuando iba a decirle “Sayonara baby”, aquella criatura me mira directamente a la cara y me lanza una ilusionada sonrisa mientras agita su manita para despedirse, igual que la anciana.
Me saluda en lugar de asustarse. ¡Pero es que no se ha dado cuenta de que soy un Terminator!
Poco después ocurre algo parecido con una niña de trenzas encarnadas, que me dice adiós con una coqueta sonrisa después de haber admirado la moto que me transporta. Más tarde otra, y otro niño más con una reacción similar, incluso en el caso de uno de ellos animado por la mujer que conduce.
  
 ¿Qué ocurre aquí? ¡No se han fijado en que soy un Terminator!
 
Bien. Me doy por vencido. Parece que sí se han fijado, claro que sí, pero no han visto ningún terminator. Parece ser que hoy en día la Fat Boy ya no trasmite, o al menos no lo hace ni de lejos con la misma claridad de entonces, la imagen de un Schwarzenegger vestido de negro y cuero sobre ella. Voy a tener que dar la razón a mis amigos harlystas, a los más recalcitrantes, y llegar a la conclusión de que la Fat Boy ha madurado sobrepasando a la producción de James Cameron y también a las leyendas negras que la envolvieron al nacer, ambas relacionadas con la II Guerra Mundial. Una habla de los 24 tiros que recibieron las llantas lenticulares, porque el diámetro de sus agujeros coincide con el calibre de una munición; y otra que relaciona su nombre con las bombas que se lanzaron sobre las dos ciudades japonesas para acabar con la Gran Guerra en el Pacífico, como una controfensiva al avance nipón dentro del mercado de las custom, especialmente arrasador en aquellos años del Terminator II.
 
Sobre el tipo de motorista que puede comprar esta moto, he oído mencionar corrientes muy variadas. Por ejemplo, que es la Harley que se compraría un pijo para ir subido en un modelo que encaje con su clasista mentalidad, también que es la primera Harley para muchos, que representa esa Harley de sus sueños que por fin un día consiguen hacerla realidad y que entonces, al emprender con ella el uso cotidiano y sobre todo el viajero, se dan cuenta de que no satisface al completo sus necesidades y deciden cambiarse a otra moto, por supuesto sin salirse de la marca. También podemos encontrar al apasionado de este emblemático modelo de principio a fin, el que incluso tiene más de una Fat Boy a lo largo de su vida. He escuchado en repetidas ocasiones cómo estos entusiastas incondicionales llaman cariñosamente a su Fat Boy “La Gordita”, resaltando esas formas voluptuosas que definen su marcado carisma.  En cualquier caso y sea de una forma u otra, pienso que el futuro comprador de esta moto tiene su idea muy clara, su decisión tomada, y a veces desde hace años; por tanto, poco o nada puedo hacer en este artículo hablando del espíritu que envuelve a la Fat Boy y de la esencia guardada que descubrirá cuando por fin la tenga en su poder: los conocen, lo saben mucho mejor que yo. Por eso y aunque hablando de una Harley sea lo más subsidiario, creo que lo único que me queda por describir es el comportamiento dinámico de esta Fat Boy Special.
  
¿Paso por curva?... No sé de qué me hablas.
¿Aceleración?... ¡Qué me dices!
¿Velocidad punta?... ¿Tú estás tonto o qué te pasa?
   
Aparte de estas preguntas y respuestas, que sirven para situarnos, para que no tengamos ninguna duda de que hablamos de una Harley, debemos hacer un apunte sobre algo que he escuchado decir repetidamente, e incluso me han anunciado, sobre esta Fat Boy.  Se dice que por su considerable masa y sobre todo por el llamativo volumen de la goma trasera, un 200, la Fat Boy tiene dificultades para entrar en los virajes, sobre todo, obviamente, en los más cerrados. Dicen que se comporta como un barco o como un gran cetáceo. Desde luego yo no voy a ser el nuevo que venga a contradecir a toda una saga de Harlystas, pero tampoco puedo callarme porque mi trabajo consiste, entre otras cosas, en describir los resultados que obtengo tras los kilómetros (unos mil, en este caso) de una prueba. Para un servidor, la Fat Boy Special se muestra obediente en el momento de entrar en las curvas, en las rotondas, en los giros cerrados de montaña y en los ángulos angostos dibujados entre callejuelas, y realiza esta maniobra y el siguiente paso por la curva con una más que aceptable docilidad. No voy a exagerar porque sé muy bien que no hablamos de una doble erre, motos que conozco muy bien, y tal vez por eso tenga cogida como pocos harlystas la referencia ideal y también por eso esta apreciación no se deba pasar por alto.

 
Para explicarlo, no voy a recurrir al tópico tan manido de que “a pesar de su masa descomunal, la moto se mueve con una soltura sorprendente debido a su bajo centro de gravedad”. No, no voy a recurrir a él, aunque no por ello deja de ser real como el sol que se levanta cada mañana, y más en el caso de la Fat Boy en versión Special. Pero no recurriré a ello. Lo cierto es que creo que nos estamos volviendo muy señoritos en la conducción, en general, de cualquier moto que cae en nuestras manos. Lo que quiero decir es que solemos poner muy poco o nada de nuestra parte, de nuestra conducción para paliar las posibles carencias que tiene un modelo o simplemente para adaptarnos a él. Creo que con esta Fat Boy se puede hilar una conducción muy fluida por carreteras de montaña. Cuando digo fluida, me refiero a hacer series largas de curvas enlazadas sin tocar los frenos y apenas sin  mover el puño del acelerador. Adonde quiero ir a parar con esto, lo que estoy haciendo, es invitar al que tenga una Fat Boy o al que pruebe alguna, a que ponga un poco de empeño para entender el comportamiento de esta moto y adapte a él su conducción. Estoy seguro de que disfrutará mucho más de ella. Por ejemplo: Las plataformas pueden representar un elemento aparatoso en el momento pasar por la curva: pueden molestar arrastrando por el asfalto; pero precisamente por esa aparatosidad se presentan como un recurso único, privilegiado, en el momento anterior: a la hora de entrar en el viraje. La plataforma coloca el pie en una posición muy adelantada, muy próxima a la rueda delantera, y sobresaliendo extraordinariamente hacia el interior de la curva que nos disponemos a abordar. Se ofrece como un excelente punto de apoyo para meter la moto en la curva con una leve presión del pie.


EL ABS Y EL DUNLOP D 408 F


Sobre el ABS en particular. Curiosamente, tiene un comportamiento muy poco intrusivo, mucho menos de lo que hubiera pensado tratándose de una Harley y mucho menos, incluso, que en la mayoría de las motos. Esta última versión del ABS, tanto sobre la rueda delantera como sobre la trasera, llega a dejar quejarse el neumático, dar un pequeño chillido, digamos, durante un centímetro para intervenir con eficacia al centímetro y medio.

Dunlop D 408 F es el neumático que la Fat Boy monta delante. Una auténtica sorpresa que me ha dejado prácticamente estupefacto.

 
Intentaba probar la efectividad del ABS delantero y no había manera de hacerlo en seco y sobre buen asfalto. Lo intenté en varias ocasiones, intenté blocar o hacer derrapar la rueda delantera, pero no lo conseguí. Y entonces empezó a llover, a llover con muchas ganas. Me dije que ahí tenía la ocasión de probar verdaderamente el ABS delantero. Cogí velocidad con la Fat Boy Special y apreté la maneta con fuerza una y otra vez, pero no conseguía otra cosa que una impresionante deceleración. Di varios manotazos, uno, otro y otro, manotazos secos que a juicio de cualquiera provocarían, como mínimo, la queja del neumático. Nada. Aquel resultado tan desconcertante llegó a hacerme pensar que Harley sólo había montado el ABS en la frenada trasera de la Fat Boy, más aun cuando, puesto a buscarla, no encontraba la tradicional rueda dentada que usan como sistema de lectura la mayoría de las marcas. Sin embargo, bajo la persistente lluvia descubrí un cable de aspecto eléctrico conectado directamente al buje de la rueda.
 
Es verdad: Hay ABS delante. Pues si lo lleva, tiene que funcionar. Y me puse a trabajar con el freno, a forzarlo, a hacer con él verdaderas diabluras que no se pueden describir, por respecto al culto de la marca y a sus propios devotos. Bien, finalmente y después de emplearme a fondo, lo conseguí: sentí en la maneta la esperada pulsación del Sistema antiblocaje. Ahora, ¡no quiero contaros la frenada que se marcó la Fat Boy! Se quedó completamente parada sobre el asfalto empapado en unos pocos metros. Luego me vi en el trance, porque no quedó otro remedio, de hacer unas decenas de metros sobre el barro y, claro, la oportunidad se presentaba que ni pintiparada. El ABS funcionó en ambas ruedas a la perfección, logrando una mínima retención sobre una superficie en bajada que hacía casi imposible parar una moto tan pesada.
 
Fantástico el agarre de este neumático, digno de la touring más potente. Sólo en el doloroso camino recorrido para devolver esta musculosa belleza conseguí poner contra las cuerdas a este neumático sobre suelo seco. Fue sobre un asfalto de agarre medio y propinándole un brusco manotazo yendo a velocidad de crucero, más brusco que ninguno, sólo entonces escuché un leve quejido de la goma antes de que el ABS acudiera en su socorro.
 
Sobre el neumático trasero, el conocido Dunlop 407, decir que su comportamiento no alcanza la altura del delantero, pero que resulta más que aceptable para las exigencias de una Fat Boy. He leído en algunos foros comentarios negativos acerca de este neumático, algunos tan negativos como echar pestes sobre él; vuelvo al punto anterior sobre la entrada en curva de la Fat Boy: no voy a ser el nuevo que venga a contradecir, pero lo cierto es que primero probé los neumáticos, sobre todo en mojado, haciendo diabluras con ellos, por ejemplo, acelerar bruscamente yendo inclinado para comprobar que la rueda trasera no se desplazaba ni un milímetro, y después me bajé con una libreta en la mano para apuntar la marca y el modelo de cada goma. No tenía ni idea de lo que montaba.
 
Resumiendo este capítulo y para dar una idea, puedo asegurar que la Fat Boy se puede inclinar con un agarre firme hasta hacer rozar la plataforma transitando en mojado por un buen asfalto.
 
En cuanto a la versión Special
 
Decir que se distingue por tres detalles:

1.- El aluminio pulido en contraste con el mate de la pintura.
2.- La altura algo menor que la versión corriente.
3.- El manillar más corto del que sólo he oído decir bondades.


Mal

Muy mal, diría incluso. Quedan espantosos los tornillos allen que sujetan el manillar a las torretas; un detalle cutre que contrasta con el impecable remate de las tijas y de toda la moto en general.

 
Y bien. Creo que eso es todo.
Ah, no: Falta algo fundamental.

¡VOLVERÉ!
 
Autor: Tomás Pérez
Director de la Escuela de Conducción
 
Segunda opinión… segunda visión

Guy Ritchie nos presentó en su película “Rock’n Rolla” una clase de ser extremo que se dibujaba con toda su potencia y riqueza de matices en la figura de Johnny Quid. Al comienzo de la cinta, Archy, elemento conductor de la historia, nos explica en un febril y eléctrico preludio lo que es un Rock’n Rolla. Para ello enumera buena parte de las miserias, vicios, placeres y debilidades que nos apasionan a los seres humanos.
 
Nos explica como a todos nos gusta la buena vida, pero para llegar a ese estatus terrenal unos optan por el dinero, otros quieren drogas, otros sexo, a otros les gusta el glamour o la fama… pero un autentico Rock’n Rolla es distinto a todos ellos, él quiere el pack completo.
Así es este hierro: un Rock’n Rolla. ¿Por qué? Muy sencillo. En las motos todos lo tenemos claro: nos gustan las buenas motos; para unos son las rápidas, para otros lo son las manejables y prácticas, los hay que las buscan ruteras y confortables, también están los que hacen kilómetros por el lado oscuro y serpentean en la Kustom Culture. Bien, pues lo quiero todo,  para mi encárgame el pack completo. La Fat Boy es cómoda, estable y frena bien, puedes acometer largos viajes, salir como el rayo de situaciones comprometidas y dejarla reposar como el buen vino en la puerta del garito donde suelas buscar el consuelo a estos tiempos confusos en brazos del alcohol, el rock’n roll y alguna pin up que te seque el alma.
 
Ya he dicho, con ocasión de otras pruebas, que esta es una de las burras de la MoCo a la que considero como poseedora de un alma más oscura y maligna, de un corazón negro como el carbón que los mineros arrancaban a las montañas leonesas. Este hierro parece que pide ser cabalgado sólo por  un autentico hijo de perra, un tipo con el que ni siquiera se subiría la chica de la curva. Presentada en 1989, vendida por primera vez en 1990, nació con la leyenda de que su nombre era la mezcla de Little Boy y Fat Man, las dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Japón, esto es algo que nunca ha sido confirmado desde Milwaukee, pero no deja de ser curioso que la primera unidad fuera totalmente plateada, como el Enola Gay.
 
Realmente Harley Davidson venía de pasar una profunda crisis que ponía en peligro incluso su continuidad, desde las factorías de los hijos del sol naciente salieron los numerosos torpedos que habían acertado en la mismísima línea de flotación de uno de los emblemas de USA, la batalla por los hierros custom estaba siendo ganada desde Asia. Si la Fat Boy suponía el intento de lamerse las heridas, levantarse con orgullo y dar un puñetazo en la mesa, lo consiguieron. Ha pasado a ser uno de los modelos más famosos y reconocidos.

Esta Special ha crecido en motor, de aquellos 1340 cc ha pasado a montar  los habituales 1584 (96 pulgadas), el actual Big Twin es una delicia, un derroche de par que es capaz de lanzarte como una locomotora si se lo exiges. Y no es lo único que ha crecido, el balón de 200 que calza en el eje trasero se anuncia majestuoso como la cola de un pavo. El manillar, más plano y pequeño, es para mi gusto de unas medidas perfectas, confiere a la máquina una gran eficacia en el manejo. El equipo de frenos está pensado para cuidar de ti como si de tu abuela trayéndote un vaso de leche caliente a la cama estuviéramos hablando, es muy bueno para los aproximadamente 300 kilos que desplaza y el ABS es simplemente un portento, es tu guardaespaldas, el perro de presa que muerde los discos y que sabe cuando ha llegado al hueso.
 
La velocidad punta que es capaz de alcanzar ni la sé ni me importa. Las colas, tipo shotgun, suavizan, en volumen, la belleza del sonido que emiten, aunque más abiertas serían algo glorioso yo las dejaría como están, en este país se considera más molesto el sonido de una Harley Davidson que el de unas interminables obras o un garito bisbalero.
 
Si no has leído mi prueba de la Softail Deluxe de hace unas semanas te recomiendo que lo hagas, estamos ante su hermana melliza, la Chico Gordo tiene llantas mayores pero es más minimalista en su terminación, algo curioso porque la Deluxe cuesta unos mil euros menos y llegados a este punto recordaré una reflexión que hacía entonces y que resumo brevemente, ¿Por qué demonios la gente atribuye la evolución técnica a una pérdida del espíritu Harley y no a que estas motos te cuesten desde 22000 Euros?
 
Que un enchalecado y disfrazado flequillero de fin de semana sea el más que probable poseedor de esta maravilla, sólo porque él sí se lo puede permitir económicamente, me toca los… cimientos más profundos de mis creencias, se merece que un malo de verdad, uno de los que nunca te prestaría nada suyo que se pudiera montar, le quite el mejor envoltorio de los martillos de Lucifer que conozco y le dejara con un palmo de narices viendo como se aleja y si lo hace con su chica, mejor, aunque ella se quejará y es que el asiento para el paquete es cómodo sólo para un rato.
 
Todos los acabados, tactos de mandos, datos del display, son iguales, detallarlos sería repetir todo lo explicado en la prueba de la SD y cómo sé que te la has leído no vamos a profundizar en ellos.
 
Es curioso como poseer una Harley Davidson te hace estar en el disparadero, eres el objetivo permanente de los que las odian, los que las envidian y por último los que más gracia me hacen: los “expertillos”, esos  que utilizando el tono de House habitan en tertulias de foros de la red de redes y que no expresan su opinión, te la escupen y se creen poseedores de la verdad, saben más que tú, saben cuáles son los modelos “puros” y siempre ponen en duda tus conclusiones y aportaciones. A todos ellos les recomiendo que prueben esta burra, se les quedará el dulce sabor de la gran moto que han montado y finalmente el amargo poso del precio que hay que pagar para ser el poseedor de una Fat Boy Special.
 
José Ángel Lorenzo Valbuena
Monitor de la Escuela de conducción

 

 FICHA TÉCNICA:

Motor: Twin Cam 96B
Refrigeración: Aire
Cilindrada: 1.584 cc
Diámetro x Carrera: 95.3 mm x 111.1 mm
Par Máximo: 120 Nm / 3.200 r.p.m
Relación de compresión: 9.2 : 1
Alimentación: Sistema de inyección de combustible electrónico secuencial ESPFI
Arranque: Eléctrico
Sistema de escape: Nuevo escape cromado dos en uno en dos, con silenciadores dobles y salidas apantalladas
Transmisión primaria: Cadena, relación 34/46
Transmisión final: Correa, relación 32/66
Embrague: 9 discos, en baño de aceite
Transmisión: Cruise Drive de 6 velocidades
Bastidor: Espina dorsal rígida en tubo de acero, con uniones forjadas y en función
Basculante: Carcasa de acero de dos piezas, con sección forjada para el eje
Angulo de giro: 26º
Avance: 173 mm
Angulo de la horquilla: 29.3º
Suspensión delantera: Horquilla telescópica, con protectores tipo lata de cerveza
Diámetro barras: 41.3 mm
Carrera: 130 mm
Suspensión trasera: Amortiguadores ocultos montados en horizontal, muelles externos
Carrera: 109 mm
Freno delantero: Doble disco, 4 pistones fijos de 32 mm
Diámetro: 292 mm.
Freno trasero: Disco, 2 pistones fijos de 32 mm
Diámetro: 2920 mm
Llanta delantera: 17" discoidales en fundición de aluminio con agujeros tipo "bullet hole", cromadas y pulidas en acabado espejo
Llanta trasera: 17" discoidales en fundición de aluminio con agujeros tipo "bullet hole", cromadas y pulidas en acabado espejo
Neumático delantero: D407F 140/75R17 67 V
Neumático trasero: D401 200/55R17 78V

DATOS GENERALES:
 
Longitud: 2.396 mm
Distancia entre ejes: 1.635 mm
Altura del asiento: 645 mm
Distancia libre al suelo: 130 mm
Peso en seco: 313 Kg
Capacidad Combustible: 18,9 Litros
Capacidad depósito aceite: 2,9 Litros
 

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