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Harley Davidson Fat Bob - Test Portalmotos

Jose_Angel_lorenzo Jose_Angel_lorenzo
Amante de la cultura Kustom, la Old School, los hierros, la belleza y el rock'n'roll. No hay ruta lo bastante larga ni noche de farra que quiera que se acabe.

10/02/2010
Harley Davidson Fat Bob - Test Portalmotos
Prueba a fondo de la Harley Davidson Fat Bob, amordazada en los sonidos del escape por la ley, en el resto transpira ese espiritu que buscamos los que amamos el "lado oscuro" del motociclismo. Motor de 77CV, frenada mas que digna y una estética que satisface. Asi es la Fat Bob.
Imagina que le pides a Dios que cumpla tu deseo, tu necesidad. Que tu nervio y ansia por sentir el viento en la cara y el contacto de tu ser con el asfalto a través de dos ruedas es tan grande que no ves el momento de satisfacer tus anhelos.
Imagina que suplicas al Todopoderoso que te conceda una gracia, que en pago por él no piensas quejarte por el frío reinante: lo sufrirás y aguantarás sin quejarte porque asumes que debe ser así, es el impuesto que debes pagar y no te importa porque la sensación de conducir una moto la vives intensamente dentro de ti como el mayor de los placeres.
Pues imagina que alguien te escucha, pero no quien tú esperabas, sino que es una siniestra figura de alma oscura la que te atiende:
-Dios está ocupado, ¿puedo ayudarte yo?
Esta es mi experiencia, yo le pedí a Dios, pero por mis pecados fue Lucifer el que vino a mi y el que puso a mi disposición dos de sus martillos; a cambio, el sacrificio por el frío no le interesa, sabe que me ofrece algo que es capaz de hacerme sentir por encima de los inconvenientes mundanos, él quiere mi alma.
Me muestra una de las últimas creaciones de su casa de Milwaukee: la Harley Davidson Fat Bob. Para mi, este hierro es uno de los vértices que componen el triangulo de motos con el alma más negra que muestra ahora mismo el catalogo de Harley Davidson, es la tercera esquina que mira a un lado a la Fat Boy y al otro a la Cross Bones. No digo que los demás modelos no tengan ese marchamo del infierno, pero éstos forman un triunvirato de maldad por encima del latente en cualquier Harley, o al menos así me hace sentir a mí.

Su nombre es un engendro como el del mismo monstruo de Frankenstein, es el resultado de la simbiosis Fat Boy + Street Bob, de hecho la parte delantera de esta Dyna recuerda a la Fat Boy (cuenta la leyenda que el nombre de esa Softail fue creado por una vengativa simbiosis concebida al tomar las nomenclaturas de las dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón, la Motor Company siempre lo negó).

El Señor Oscuro me susurra al oído y me muestra su creación, me incita a caer en la tentación. Lo primero que atrae mi atención son sus dos faros gemelos, paralelos y llenos de cromo. Predomina el negro mate y el tacto es cautivador, la calidad de sus metales y contados cromados son los que corresponden y se le deben exigir, su línea larga y baja y la escasez de detalles son en sí mismo el detalle. Sin darme cuenta le voy viendo más cosas de las que aparenta, los amortiguadores traseros a modo de dos cilindros cromados telescópicos, la mezcla del negro y brillo del motor, la calidad del asiento, la corbata de cuero del deposito para evitar el contacto con hebillas y botones y algo que personalmente me cautivó por su originalidad: el deposito aparenta tener dos tapones, cuando en realidad sólo el derecho lo es; si te asomas al izquierdo descubres un indicador del nivel de combustible, una aguja que sólo ofrece la información real con la moto vertical, marcando un falso Empty cuando permanece apoyada sobre la pata.
En seguida me emborracho de negro mate, gana la partida en muchos terrenos propios del cromado, como por ejemplo los espejos.

Me sitúo sobre ella. El asiento es cómodo, muy agradable, y tiene una pequeña extensión más estética que practica, sólo alguien que ocupe poco espacio puede ir de paquete, de forma breve y tan sólo en ciudad. Nadie puede sentarse en ese ridículo espacio de una manera normal y habitual. Pienso que hubiera sido más aconsejable hacer un doble asiento en condiciones u optar directamente por un monoplaza radical.

Miro el manillar, me agarro a los puños de goma, mis manos se quedan a una altura media, por debajo de los hombros, se prescinde del cuernos de vaca y se recurre a dos altas torretas negras bastante próximas entre sí y a un manillar recto, pero haciendo ángulo cuyo vértice se sitúa entre las dos torres.

Esta Harley tiene los mandos lejos, muy lejos y yo no soy de Milwaukee, soy de la montaña de León y salvo Emiliano, el jugador de Baloncesto de los 60, por allí no rondamos los dos metros: yo me quedo en unos modestos y orgullosos 170 centímetros, algo que a simple vista puede ser un problema con esta moto; y claro, si no llego, ni lado oscuro, ni señor maligno, ni surcar carreteras de bellos paisajes, ni demás películas. Pues para mi sorpresa al poner los pies en sus lugares la sensación es buena, no da la impresión de que me quede corto. Veremos.

El susurro atrayente de lo prohibido y diferente me invita a girar el enorme contacto sobre el deposito, tan sólo resta apretar el botón de arranque del puño, la mano de Lucifer ya puso el poder en el bolsillo de mi chaqueta, tan sólo la proximidad de un dispositivo a modo de llavero hace que la moto se preste a que la hagas tuya. Nada más apretar el botón, escuchas el poder del primer martillazo que sueltan los tremendos pistones. Después, la desilusión… Ahora entiendo el susurro del diablo, ese bicilíndrico de 1584 cc una vez más ha sido amordazado por la ley y su sonido queda muy lejos del que debería ser.

SEGUNDA OPINIÓN
Expuse esta Dyna Fat Bob frente a la cristalera del bar de Ramón (ver prueba XR 1200 X) para someterla a su severo juicio artístico. La contempló mientras se llevaba el cigarrillo a la boca para fumarlo con ese pausado deleite con el que ya no se fuma. Repitió el mismo calificativo que le dio a la XR, pero esta vez más de una forma mucho más sobria, y añadió un comentario después: “Es más clásica, más curva”, y posando la mirada vacía sobre la Fat Bob, se trasladó en el tiempo, remontando unos años atrás. Me contó cómo, visitando una exposición del hiperealismo norteamericano que se montó en los bajos de la Biblioteca Nacional, se dio prácticamente de bruces con cuadro impactante y monumental que recogía la imagen de una Harley.
Evidentemente, no supo decirme cuál, tan sólo que era muy clásica y que la Dyna Fat Bob se la había recordado en el primer momento que la vio. Una muestra más de que Harley traspasa la mera belleza de la atracción y penetra en el mundo del arte, de los museos y las galerías, sirve mencionar otro ejemplo en exposición del pintor David Uhl. Soy un neófito absoluto en el mundo Harley, y, aunque es cierto que he leído bastante sobre ellas y escuchado también hablar mucho –a veces tengo la impresión de que quizá más de la cuenta-, confieso que mi experiencia se reduce a un breve paseo en una Sporster 883 y a la prueba de la XR 1200 X (de la que escucho decir a muchos que no es propiamente una Harley). Lo cierto es que en este momento me encuentro un tanto desconcertado porque no he encontrado hasta ahora nada de lo que he leído o escuchado sobre las Harley, tampoco en esta nueva Dyna, ni mucho menos.
La Dyna Fat Bob corre, corre mucho, y os lo dice alguien que a lo largo del año intenta mejorar sus modestos tiempos en las distintas pistas de este país. Esta Dyna frena como Dios manda o, si se prefiere, como cabría esperar de una moto que corre mucho. Esta Dyna se tiene muy bien en medio de la curva y llegarías a inclinar con ella una infinidad más de lo que permite su distancia custom al suelo. Por otro lado, cuando supe que esta Harley monta un motor de 1600 combinado con una caja de cambios de seis relaciones, me pareció sencillamente una sinrazón, un despropósito dada la filosofía que les suponía a estos motores: lentos y perezosos. Por contra, me encontré con este 1600, que desde luego ofrece el par esperado por su tamaño, pero que, además, sorprende con una inesperada alegría que anima a enroscar el acelerador para empalmar una marcha con la siguiente, cambiando con una soltura y un sincronismo propios de cualquier motor con pretensiones, a priori, mucho más dinámicas.
La posición es radicalmente custom e, inducido por mis hábitos europeos, no pude evitar echar el pie al suelo las primeras veces que busqué el apoyo de la estribera. Una postura que encontré muy natural a pesar de lo desacostumbrada que me resulta. Colocado en esa posición sobre un motor con bajos de locomotora diésel no cabe ninguna duda de que esta moto nos invita al paseo, a dejar que el mundo desfile pausadamente mientras lo contemplamos a babor y estribor; sin embargo en el momento en que enroscas el acelerador, el propulsor de esta Dyna Fat Bob incita –resultará que soy un quemado incorregible- a dejarte catapultar con su fuerza a por la siguiente marcha y a por la siguiente… y después, tirar de la maneta de freno con la confianza puesta en el doble disco flotante y en la robustez de la horquilla para conseguir una firme retención y meterte en la curva con asombrosa facilidad, asombrosa hasta la contradicción si recordamos en ese momento la longitud total.
Pegas:
-Imposiciones de la moda marcan, en general en todas la custom, una distancia exigua entre la esfera de los espejos y el puño de cada lado. Esta colocación resta visibilidad: se la come el dorso del guante, y a los que tenemos la mano grande nos deja un espacio demasiado estrecho que lleva a tropezar con mucha facilidad al hacer maniobras rápidas en busca del freno o el embrague.
-No es cuestión de repetir en cada prueba de una Harley la precariedad de un tapón de combustible sin llave. Dado que se trata de una técnica generalizada en la marca, la mencionamos esta vez más y la obviaremos en las siguientes.
Tomás Sánchez probando la Fat BobAutor: Tomás Sánchez - Director Escuela Portalmotos
Engrano la primera y me pongo en marcha. Según avanzo y voy accionando el pedal de la caja, me doy cuenta de que mi estatura no supone ningún problema, las marchas entran sin que para ello tenga que hacer movimientos forzados, quizás con el freno trasero tengo la vaga sensación de que no lo aprieto con suficiente control, pero después de los primeros toques con el delantero eso deja de preocuparme, su doble disco y la robustez de la horquilla aseguran una detención excelente.

Me voy acostumbrando a lo que llevo y aunque con una banda sonora original que no me acaba de convencer, me muevo por las calles como si fuera su puñetero amo, cuando los coches se convierten en piezas de Tetris dispuestas desigualmente, me muevo entre ellos gracias a la estrechez del manillar y paso como uno de esos personajes fantasmales de la película Los Otros, ellos con su presencia inmóvil y yo como un espíritu que trasciende a su lado, alguno tiene el don de saber lo que ve, me mira por un instante preguntándose qué moto es ésa. Unas sirenas municipales anuncian el paso de una importante comitiva, llevan prisa, el alcalde y su seguridad se apresuran para llegar a la reinaguración de un túnel. Me detengo perfectamente al lado de una pieza del Tetris, justo encima de las rayas que dividen la calle. La comitiva pasa veloz a mi lado invadiendo claramente el sentido contrario, el agente que detuvo el tráfico mira, pero mira a la Fat Bob, atrapa completamente su atención, su brazo levantado, congelando a la urbe, se relaja finalmente y permite el paso. Vámonos de aquí – pienso – Hay que salir de esto.

Abandono la ciudad, los edificios van desapareciendo y el campo helado se ve cortado por preciosas curvas, las trazo con suavidad. Me encanta la sensación de las custom, cerquita del suelo. La Fat culebrea como la exige el guión del ingeniero de obras publicas de turno, pero con suavidad, tal y como yo la guío. Paso por un puente en curva: sus juntas de dilatación serán una estupenda prueba del algodón: un leve plof plof, sus enormes ruedas con dibujo casi de trail ni se inmutan. La suspensión delantera me gusta mucho, es muy robusta y no hay apenas cabeceos. La escena idílica se estropea con la aparición de un coche tras un camión a marcha de desfile. Me entran las prisas y quiero que de nuevo la carretera sea para mi sólo, tiro de motor, el par es enorme y cada marcha estira una barbaridad pero me apetece otra cosa. Bajo de hierro, revoluciono el 96 pulgadas y adelanto a los vehículos en un suspiro: el bicilíndrico tira y mucho. Aprovecho el empujón y me pongo el cuchillo entre los dientes, el señor oscuro me susurra al oído, me tienta para que suelte la ira… Con esta moto se puede ir muy rápido, entro en alguna curva apurando la frenada, se me viene a la cabeza aquella máxima “Para poder correr hay que poder frenar” y esta bicha frena, su doble disco delantero es simplemente muy eficaz, apenas toco el trasero, un poquito, para ayudar con la longitud.
Puede correr, si es necesario, si quieres, si surge; sin embargo, una vez que eso me queda claro, vuelvo a un ritmo razonable: no pienso perderme innecesariamente el entorno por el que transciende mi marcha y disfruto de la mezcla paisaje-carretera-moto. Para eso está hecha una custom.
Decido probar suerte por autovía, y nuevamente, si quiero, puedo llevar ritmos altos. Me encuentro cómodo, a pesar de la posición, el viento me castiga menos que, por ejemplo, en una XR1200X a la misma velocidad, esto nuevamente constituye una virtud de este diseño de manillar. Subo hasta sexta y entonces se ilumina en el reloj un 6, esta marcha representa un mero ahorro de combustible.
Se enciende la luz de la reserva y en el pequeño reloj digital desaparece cualquier otra información que tuvieras seleccionada. Te indica que tienes una autonomía menor de 50 kilómetros: todo dependerá de tu puño.
Paro en una gasolinera y el dependiente no concibe el aparato – pero ¿esto qué es? –. Sin embargo, lo que verdaderamente no concibe es el tapón del deposito sin llave, me tengo que tragar una suave charla –Una moto como ésta no se puede consentir que te la vendan con un tapón sin llave–. No entro en muchas explicaciones y miro los datos: 235 kilómetros y 14,8 litros; consumo en ciudad, carretera y autopista, con diferentes ritmos. Sinceramente me parece bueno.

La experiencia me ha gustado, Lucifer ha satisfecho mis deseos. El precio, entorno a los 17000€. En cuanto a mi alma, ahí le engañé yo a él, no soy un motero de fin de semana con dinero y un tipo de vida aparte de lunes a viernes, de ésos que se disfrazan de Hell Ride el sábado y domingo; soy igual un martes y un sábado. Hace tiempo que pertenezco al lado oscuro del custom, hace tiempo que no me planteo la ilógica de ciertas motos, sólo las disfruto; si me lo planteara, me perdería el placer de conducir algunas maravillas y la fiesta y el sufrimiento de ir los domingos a ver al Aleti… Por cierto, curiosamente, el Atlético de Madrid y Harley Davidson se fundaron en el mismo año: Es el destino de lo ilógico.
Aun así no reniego por norma, me informo de las evoluciones, las respeto y también las comparto si están bien hechas y tienen un mínimo respeto por un espíritu que es emblema. A todos los modelos de la MoCo les encuentro su porqué: unos me gustan mucho, otros menos y otros nada, pero no entiendo por qué si una Harley como la Fat Bob es estable y frena, ha de perder ese espíritu. Eso sí, le cambiaría el sonido quitándole la mordaza, al fin y al cabo es una Harley y como nos enseñaron los Rolling, es sólo rock’n roll, pero me gusta.

FICHA TECNICA:

MOTOR: Twin Cam refrigerado por aire
CILINDRADA: 1584 cc
POTENCIA: 57 Kw (aproximadamente 77 cv)
DIAMETRO DE CARRERA: 95,3 mm
PAR MOTOR: 126 Nm
RELACCION DE COMPRESION: 9,2:1
ALIMENTACION: Sistema de inyección electrónica secuencial ESPFI
CAMBIO: 6 marchas
EMBRAGUE: Multidisco en baño de aceite
SUSPENSION DELANTERA: Horquilla telehidraulica
SUSPENSION TRASERA: Doble amortiguador lateral
FRENO DELANTERO: Doble disco flotante con 4 pistones fijos
FRENO TRASERO: Disco con dos pistones flotantes
SISTEMA DE ESCAPE: Tubos de escape 2-1-2 cromados con protector térmico acanalado tipo “Tommy Gun”.
CAPACIDAD DEL DEPOSITO: 18,8 litros
ALTURA DEL ASIENTO: 690 mm
PESO EN VACIO: 305 Kgs
AVANCE: 125 mm
DISTANCIA ENTRE EJES: 1620 mm
NEUMATICO DELANTERO: 130/90B16 67 H
NEUMATICO TRASERO: 180/70B16 77H


Autor: José Angel
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