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Barcelona Harley Days desde una Street Bob Special Edition

Andrea Enzo Andrea Enzo | Director Editorial y Jefe de Pruebas
Andrea Enzo 'esconde' a Óscar González Soria, periodista de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Como dijo Julio Verne, 'si se puede soñar, se puede hacer'.

08/07/2013
Barcelona Harley Days 2013 - 110 aniversario HArley-Davidson/Barcelona Harley Days 2013 custom show
Encabezar el Desfile de Banderas del Barcelona Harley Days es una sensación especial. Eres la punta de lanza de 16.000 Harley Davidson con un sentimiento único y común. Te contamos cómo se ve el Barcelona Harley Days 2013 desde una Street Bob S.E.

Vivir el Barcelona Harley Days, la reunión harleysta en Europa de referencia, es un acontecimiento. Hacerlo en el 110 aniversario de la marca, es una pasada. Si lo haces desde una Harley, ya es la bomba. A los mandos de una Harley Davidson Street Bob Special Edition hemos vivido en primera persona una concentración de las de verdad, de esas en las que más de 20.000 almas tienen la misma religión, el sentimiento de pertenencia a un grupo, muchos códigos resumidos en uno: ‘Amarás a tu Harley por encima de todas las cosas’.


Mi primera vez con una Harley Davidson fue hace muchos años. Y fue teoría, no práctica. Era la época en la que se necesitaban brazos de leñador canadiense para apretar el embrague y haber matado a alguien para poder subirte a una Harley. ‘Prefiero ver a mi madre en un burdel antes que a mi hermano en una moto japonesa’, fue la primera frase que se me clavó en la mente en el primer reportaje que leí a propósito de una máquina de Milwaukee.


Con estos mimbres, y alguno más inconfesable, acudimos a Barcelona para darlo todo en el Barcelona Harley Days, con un premio final impagable: encabezar el Desfile de Banderas con 16.000 Harley rugiendo detrás de mí el idioma de una religión al alcance los más aventureros y osados riders.


Releo los primeros párrafos de este reportaje y me sorprendo a mí mismo, reconociendo al escritor que pudo ser y no fue, el de los inicios, cuando se pone el alma en algo, o estás lo suficientemente motivado para escribir ‘los más bonitos versos que jamás se puedan soñar’. Esto sólo se puede hacer si algo te ha llegado adentro, si sabe sacar de ti lo mejor, y el bautismo de fuego del Harley Days ha tocado fibra, hay que reconocerlo.


Pocas, muy pocas marcas, se cuentan con los dedos de una mano, pueden paralizar, monopolizar una ciudad, de 4 millones de habitantes, para rendir homenaje a un himno, un sentimiento, con más de 21.000 gargantas rugiendo como si sólo fueran una. Como por ósmosis, por todos los poros te entra y te empapa la religión más dark y perseguida de la moto.


A lomos de una sencilla, que no simple, pero engalanada por el 110 aniversario Harley Davidson Street Bob, cabalgo una y otra vez la Ciudad Condal admirando un entorno en el que he rodado docenas de veces y nunca había visto con los ojos que ahora llevo puestos. Las luces de la noche muestran un Montjuic seductor, un Tibidabo arrebatador, un Puerto bullicioso y fiestero, que sabe de los conciertos y eventos organizados por Harley Davidson España en el recinto de Plaza de España.


Muchos miles de harleystas recorren, qué digo recorren, veneran cada una de las atracciones seleccionadas por la marca para celebrar un evento especial, desde la exposición de gama en el Harley Village hasta la Carpa del 110 Aniversario, pasando por una excelente reproducción de la cabaña de madera donde empezó todo, donde los hermanos Arthur y Walter Davidson y William S. Harley unieron su talento y pasión para crear la primera bicicleta motorizada de la saga. Docenas de rutas guiadas, Demo rides, Elvis Day y música en directo de parar con grupos rock de grandísima calidad, con el colofón de Rafa Blas, el ganador de ‘La Voz’, salpicaron de vida un evento que merece la pena vivir al menos una vez en la vida.


Aprovechamos cada segundo con nuestra Dyna para familiarizarnos un poco más con un sentimiento repleto de códigos. Sabemos la teoría, que llevamos una Harley Davidson Street Bob de 290 kilos de peso en seco, 1.585 cc con un precio de 14.350 euros, 15.700 con los colores de aniversario que luce. Pero poco a poco empezamos a hablar un lenguaje apto sólo para iniciados. Nuestra Harley es una bobber. Tiene asiento para una sola persona, por lo tanto, con el término bobber ya te alineas en una zona no más siniestra, pero sí más individualista e inconformista de la marca. También de los más radicales, pues llevar una ‘cuelgamonos’ no es lo más fácil del mundo. En el argot, una ‘mini Ape-Hanger’. Nuestra Dyna no es muy radical, pero llevar los puños más altos que los brazos, con un manillar elevado, dice muchas cosas del tipo que monta una moto así. Parece que vas a acabar destrozado y pidiendo a gritos un masaje, pero te das cuenta de que no es para tanto, que la moto no tiene por qué dejar de ser manejable. El asiento, a sólo 648 milímetros del suelo, facilita mucho las cosas, eso sí, con el guardabarros trasero recortado.


La instrumentación es minimalista, pero no necesitas mucho más, es más, es una de las Harley más completas y con más info de la gama. Casi 300 kilómetros de autonomía es un lujo, y saber en qué marcha vas y las revoluciones, un dato que hasta hace poco parecía vedado a los harleystas. Sentimos el Twin Cam 103 bajo la huevera, esperando ver cómo nacen los pollitos después de 20 segundos parados en cada semáforo, sobre todo con el intenso calor de estos días. Refrigerado por aire, el nuevo motor recoge el legado de los Flathead, Knuckelhead, Panhead, Shovelhead, Evolution, Twin Carm 88 y Twin Cam 96.


Aún tiembla algún empaste al ralentí, pero es que parece un pecado llevar una Harley como esta alta de revoluciones. Sólo una vez, y por capricho, llegué a meter sexta. No es necesario, de verdad. No se trata de ir rápido, sino de vivir el camino, disfrutar las sensaciones, saborear la experiencia de una ruta en Harley. Encima, ahora, el el Smart HD no hace falta meter la llave en el contacto. Es un mando a distancia manos libres que activa y desactiva automáticamente la alarma antirrobo. Detallazo.


A pesar de que hay infinitas Harley por la ciudad, tantas como dueños orgullosos, que se jactan de que nunca encontrarás dos iguales, la pintura Big Blue Pearl de nuestra unidad no pasa inadvertida. Es una de las 500 unidades de las que se compone esta serie limitada en todo el planeta. El único disco delantero debería tener un gemelo para detener la Bob lanzada, pero tranquilo porque el disfrute no es la velocidad, sino el paseo, apreciar cada chasquido de cambio de marcha, ver como las vibraciones van desapareciendo según suben las revoluciones… otra historia.


Y como himno final, el Desfile de Banderas, 12 kilómetros por las principales arterias de Barcelona en las que la ciudad se rinde, se humilla, al poderío de 16.000 Harley Davidson vomitando inconformismo y respeto por una religión al mismo tiempo.



Óscar González Soria – oscar.gonzalez@portalcoches.net



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