Tomás Pérez
El aire serrano de Guadarrama me llega con nitidez, aunque al inspirarlo sólo puedo presentir la proximidad de una montaña que queda fuera de mi alcance al encontrarme cercado por calles poligonales y edificios empresariales. Dejo el dedo sobre un botón metálico, mientras pasan por mi cabeza los últimos apuntes de la interviú. A los pocos segundos, la voz de una mujer enlatada en el interfono pregunta por mi identidad y el motivo de mi visita. Al mismo tiempo que me siento observado por el ojo de la cámara, repaso con la mirada la alargada fachada de cristal oscuro que se extiende a ambos lados. Nada trasciende de su interior, nada presagia su contenido; un frente liso y opaco sobre el que finalmente, allá en su máxima altura, alcanzo a ver siete letras azules y rubricadas.
Una firma legendaria.
El electroimán se deja oír como una chicharra fuera de temporada y me abre la puerta dos segundos después. Cruzo el umbral para penetrar en una sala de una intensa luminosidad resaltada por un blanco clínico. Deslizo la mirada sobre ese espacio que huele a plástico, a cuero, y en el que también deja su toque cáustico el barniz de madera prensada. Todo se siente envuelto por esa fragancia especial del estreno. Todo es nuevo. Y sobre ese flamante escenario veo cómo resaltan líneas curvas que contienen formas del pasado. Así, expuestas sobre la tarima, se me insinúan motos con señas y estilo que identifican un pretérito con más de medio siglo de antigüedad; unas motos a las que, sin embargo, recubre un lustre virgen y distinguen algunos detalles electrónicos que crean el desconcierto, al menos en mi mente. He escuchado en muchas ocasiones la palabra retro, pero no me parece que estas motos supongan ningún retroceso. No, en absoluto: más bien representan un paso adelante pero en otra dirección.
¿Cómo llamar entonces a esta corriente de formas nostálgicas de los sesenta que envuelven la tecnología más vanguardista del siglo XXI?
Poco después, nuestro invitado me dio la respuesta:
Y así se puede entender, por ejemplo, que una Bonneville del 2010 aparcada frente a la entrada de La Torre Espacio puede causar un efecto semejante al que causa San Patricio, máximo exponente del neogótico americano, edificado sobre la Quinta Avenida neoyorkina y justo enfrente del Rockefeller Centre.
Portalmotos.- Siempre me ha llamado la atención el hecho de que un grupo distinguido y peculiar dentro del conjunto de los motoristas como es el de los harlystas haya respetado tradicionalmente a una sola marca: Triumph. Tal vez sea por el afianzado arraigo de vuestra firma en América o tal vez sea por ese rancio y profundo respeto por lo clásico. ¿Tenéis constancia del hecho de que haya gente de Harley que incluso se pasa a Triumph?
Invitado.- Bueno, hablando del mercado español, nosotros, marca por marca, no lo tenemos tan claro; pero de nuestro análisis sí se desprende que somos una marca receptora, muy receptora –se detiene por un momento y subraya-: la más receptora de todas. Es decir: nosotros recibimos de todas las marcas en un nivel muy alto. Luego, lo bueno es que se quedan.
Tal vez sea pura sugestión del que entrevista, tal vez sea su propia imaginación llevada en volandas por su fantasía, la cuestión es que el tono pálido de su piel y el aspecto rubicundo -muy tenue, eso sí- de su rostro le dan un aire británico completado por la camisa que luce: Blanca de corte deportivo y con el emblema de su marca bordado sobre el bolsillo.
Portalmotos.- Antes de pasar a otro asunto, quisiera comentarte que hace muchos años tuve una Norton. Sí, yo sufrí entonces una Norton, prima hermana, como todo el mundo sabe de las BSA y también de las Triumph. Sí, aquellas motos bicilíndricas y trepidantes que aflojaban la tornillería y soltaban la presión de las juntas para dejar una mancha o más de aceite allí donde aparcaban, como una impronta obligada y personal, han quedado dentro de la leyenda de Triumph como moto inglesa de esa época; una leyenda, por otra parte, con una base muy real.
Ya no queda nada de aquella detractora leyenda, de aquella fama de fragilidad acuñada por las motos inglesas; sin embargo Triumph ha apostado por respetar al milímetro la arquitectura y el aspecto de ese motor de los setenta, a pesar de que, en los más veteranos, esas formas del pasado generan una temerosa desconfianza al recordar los tornillos sueltos, girando locos al son de las vibraciones, lo mismo que los churretes de aceite grabados sobre el aluminio pulido.
Portalmotos.- Triumph, por otro lado, ha basado en el cine buena parte de su ejercicio de marketing. En vuestra boutique, por ejemplo, se ofrece una cazadora con tres calaveras grabadas en la espalda sobre tres bielas, una cazadora que llevaba Lee Marvin en la legendaria película “El Salvaje”. Lee Marvin, una estrella con carisma, qué duda cabe, pero Triumph se apoya sobre todo en otro icono de la gran pantalla, del cine de acción, cuya vida sin un motor cerca carecía de sentido. ¿No es así?
José Ángel Blánquez.- Sí, claro, es Steve Mcqueen. Pero veamos: hay dos etapas. Tenemos por un lado la Triumph longeva de hace 110 años; una Triumph que ha pasado por guerras mundiales, que ha pasado de todo; una moto que se vendía muchísimo, una Triumph que con la Boneville fue record de ventas en USA. Y por otro ésta nueva Triumph de la que ahora vamos a hacer veinte años desde que apareció en el Salón de Colonia.
Portalmotos.- Hemos entrado casi sin pretenderlo a hablar de esa dicotomía de la marca. Una parte de rancio sabor clásico y otra llamativamente vanguardista. En esta segunda, Triumph ha apostado por el tricilíndrico, tal vez porque en la teoría representa la opción del equilibrio, del término medio; y es tal la fe puesta en esta configuración que sobre algunos de los artículos del merchandising aparecen serigrafiadas las tres bielas abiertas en un manojo rematado por sus respectivos pistones en el extremo superior.
¿Llega tan lejos la fe de Triumph en la arquitectura del tridente que tal vez se esté trabajando ya en un prototipo tricilíndrico para competir en el Mundial de Superbikes?
José Ángel Blánquez- En realidad hay tres frentes, el tercero abarca la gama cruiser y custom, que también es importante y que lo diferenciamos un poco de lo que es el rincón neoclásico.
Portalmotos.- Has mencionado vuestras motos custom. Curiosamente, en el mundo custom es obligada la uve, y sin embargo –se ríe y deja la mirada sobre la mesa. Un instante después la eleva sin dejar de reír-…
PM.- Lo decía más que nada por una concepción estética que para una custom parece obligada, y sin embargo el motor de Triumph, a mí, particularmente, no me parece que rompa la línea de ese tipo de motos.
PM.- Cambiando de segmento, la Street Triple 675 parece ser la joya de la marca, en lo que al número de ventas se refiere. ¿También lo es en España?
PM.- ¿También en el internacional?
PM.- Bien. Digamos que la Street Triple es la primera en popularidad. ¿Cuál es la siguiente?
JAB.- Pues mira, la línea Street se lleva aproximadamente el 30% y la Bonneville, con toda la gama neoclásica, un veinticinco. Como ves, tienen mucho peso.
PM.- Vayamos a una moto muy particular como la Rocket III, en cualquiera de sus versiones. Un modelo que guardando el concepto de los tres cilindros, aunque en otra disposición, fue concebido dentro del mercado americano pareciendo haber nacido para llevar la etiqueta de “La Moto más grande del Mundo”. Una moto que, en principio, puede presumirse para minorías, pero que por otro lado llama la atención de una gran mayoría. ¿La Rocket III tiene proyección en nuestro país?
PM.- Es cierto que las Triumph de 2010 están forjando una imagen con personalidad que significa, al mismo tiempo, calidad e imagen para el motorista español, ¿tal vez ahora se busque resaltar otros sustantivos como puedan ser tecnología punta e innovación?
PM.- La sección de boutique ha calcado los pasos de las motos y existe una línea clásica con cuero rancio y remaches, y al mismo tiempo con ocultas soluciones actuales, como los forros térmicos y las protecciones de kevlar. En el lado más Racing y actual se ha optado por una sobria línea de diseños y colores en los monos, a pesar de que la saga Daytona, Speed y Street constituyan las más excitantes de la marca.
PM.- Hay que hablar forzosamente de la crisis, de si la evolución de Triumph en el mercado español sufriendo esta crisis ha seguido la tónica del resto de los países donde tiene delegación o si por el contrario su línea se ha desviado de los demás.
PM.- Y para finalizar, hablemos de cómo ha afectado la crisis a Triumph globalmente: si tocó un fondo que alcanzó todo el mercado a final de 2009.
Autor: Tomás Pérez.
Director de la Escuela de Conducción